my time is now (Nike)

PASA PASA ESTÁS EN TU CASA

COMO EN TU CASA



Mostrando entradas con la etiqueta Ben Kingsley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ben Kingsley. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de julio de 2015

Aprendiendo a conducir


Aprender a conducir es una metáfora para decir aprender a vivir de otro modo. Es lo que le pasa a la señora rubia intelectual de la última peli de Isabel Coixet Aprendiendo a conducir. El alma de la peli es Ben Kingsley, que está magnífico como siempre, y la peli discurre como una buena peli indie que no te imaginas -prejuicios- que vaya a estar dirigida por una española. 

El concepto está de moda. Te pasa algo gordo negativo y tú lo transformas en positivo. Cada bronca, cada bache, es una oportunidad de crecimiento, de experimentar un cambio, de vivir de otra manera para volver a sentirte viva. 

Lo otro que está de moda: salir de la zona de confort. Dar un paso fuera del tiesto en el que movías tu vida hasta ahora: tu maridito, tu casita, tu niña, tu trabajo, tus amigas de siempre. Hay que salirse del jardín y pisar el barro, experimentar lo inseguro que se vive ahí afuera, en la jungla, y ser consciente de la de cosas que te estabas perdiendo ahí adentro. 

Aprender a conducir un coche, si no sabías que podías hacerlo, es una forma más de empoderarse. 

lunes, 22 de febrero de 2010

el paciente número 67


Si en los años años cincuenta tenías un familiar con tendencias particularmente violentas o siquiera extravagantes. Si tu hijo era muy pegón o te había salido homosexual, no hacía falta que te avergonzaras de él y lo dejaras en la Beneficencia. Había soluciones mucho más radicales y limpias en manos de los doctores Freeman y Watts: la lobotomía industrial.


Redujeron los procedimientos, eliminaron los quirófanos y sustituyeron los instrumentales quirúrgicos por un sencillo picahielos. Y es que el doctor Freeman no era cirujano ni quería poner las cosas difíciles a los familiares desesperados. Estaba convencido de que con unos cortes a la altura frontal del cerebro y unas desconexiones nerviosas determinadas, la vida del paciente se relajaba y la de sus seres queridos se convertía en un sueño: se habían deshecho del problema. Rosemary Kennedy ya nunca volvió a tener ni personalidad ni ideas ni siquiera lenguaje, sino que quedó reducida a un saco de carne que miraba a la pared durante horas. Pero ya no se podía decir que tuviera 'comportamientos violentos'.


Y aún así, se siguieron efectuando lobotomías hasta 1967, no es increíble. En este ambiente se desarrolla la última película de Scorsese que se ha estrenado en España, Shutter Island, con Di Caprio a la cabeza y a la cola de la misma. Y con Ben Kingsley como broche de oro.


Ben Kingsley puede ser malo malísimo o bueno buenísimo (para eso es Ghandi). Di Caprio sólo puede ser bueno o loco. Y de sus interpretaciones surge la duda de qué es real y qué inventado. Quién miente y quién dice la verdad? Y sobretodo, quién y por qué se determina que uno está loco? En base a qué patrones y con qué argumentos podemos distinguir lo que son alucinaciones de lo que son sueños nada más... y si fuéramos todos cerebros en una bañera, manejados desde controles remotos más allá de nuestros corazones? Y si Dios nos manipulara a su antojo? Y si no fuera bueno ese Dios? O si las máquinas lograran superarle... y sustituirle.


Miedo, intriga y mucho suspense. Y una vuelta a esos manicomios tan de los años cincuenta y tan de película claustrofóbica y vital. A pesar de que Torcuato Luca de Tena ya lo pensó y lo escribió primero en sus Renglones torcidos de Dios...