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lunes, 23 de febrero de 2009

la extimidad de morirse en directo

El término no es mío, es de Lacan. Extimidad es lo contrario de intimidad. En vez de encerrar tus secretos y tus emociones en las páginas de un diario cerrado bajo siete llaves, como hacíamos tú y yo cuando éramos unos niños, ahora si tienes un secreto lo cuentas en el facebook o lo publicas en un blog. Es tan fácil como eso. Si tu éxito se mide alto, puedes ganar un buen dinero con cuatro noticias que vendas: tu boda o tu divorcio, a veces en el mismo paquete.

Pero Jade Goody lo que va a vender, lo que ha vendido ya, es su próxima muerte. Todos nos vamos a morir, sólo que muchos no sabemos cuándo -ni queremos saberlo-. En cambio, una enferma terminal de cáncer como ella tiene fecha de caducidad casi garantizada por los médicos. Espero que los medios de comunicación que han comprado la exclusiva no le hayan hecho firmar una cláusula penal por si no se muere cuando dice que se muere. Habrán determinado fechas probables en el contrato?

Perdona que sea tan escabrosa, pero la noticia lo merece. Jade Goody es medioadicta desde que puede recordar. Ha participado en el Gran Hermano inglés y en el Gran Hermano inglés para celebrities. Ha sido denostada por los medios llamándola hortera, soez y ordinaria en numerosas ocasiones. Y ahora, a sus veintisiete años, se está muriendo.

Lo digo en gerundio porque lo está haciendo poco a poco, en vivo y en directo. Es una muerte on line. La puedes consultar en la tele y ver cómo avanza su deterioro. Saber qué efectos le causa la quimio día a día. Y por cada vez que consultes su estado en la tele, ella estará recibiendo unas libras en compensación.

Las hay que alquilan -que no venden- su cuerpo por horas. Otras menos osadas nos conformamos con prostituir nuestros conocimientos al servicio del mejor postor -nos llamamos abogadas-. Y las hay que comercian con su intimidad.

Por qué va una a poder sacarle rentabilidad al nacimiento de un hijo, vendiendo sus primeras imágenes por un millón o varios de dólares, explotando los derechos de alguien que no tiene ni voz ni voto, y en cambio no va a poder vender su decadencia hasta la muerte? Porque resulta obsceno? Porque hiere la sensibilidad de otras personas, que posiblemente adolecen de la misma enfermedad y no quieren verla reflejada en la pantalla?

Pero, y si lo hace en beneficio de sus hijos? Para sacar a sus hijos del charco de mierda en que transcurrió la vida de su madre?

Jade se casa estos días con su novio, un presidiario que ha conseguido una autorización para salir de la cárcel y estar en la boda sólo gracias a que su novia no sólo se está muriendo sino que es Jade Goody, y la novia de la muerte tiene la bendición de Jack Straw, ministro de justicia, y de Gordon Brown, primer ministro del país. Todas las moribundas tendrán la misma bula ministerial, o sólo ésta porque es mediática? Y si se casa ahora con ella este presidiario, heredará algo de la fortuna que ella cobre de los medios, o será todo para sus hijos tal y como ella ha manifestado?

No tengo ninguna respuesta. Sólo sé que ayer, leyendo esta noticia a toda página en El País, delante de un cigarro y una cerveza, me puse a llorar.