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martes, 4 de octubre de 2011

Que hablen de ti, Johnny


Cogí el teléfono y me encontré con una conversación desagradable. Mi casero me pedía que desaloje el piso de mi madre lo antes posible. Ya que se ha muerto, deberíamos tener el piso alquilado, es una pena que esté vacío y estemos sin cobrar. Como el casero es familia también, aunque más lo primero que lo segundo como se puede comprobar, pues no llevé muy bien que me dijera lo que tengo que hacer con la casa de mi madre recién fallecida. Porque aunque hace ocho meses que falleció mi Meryl Streep, para mí no han pasado más que cinco o seis días. Entre medio he tenido un parto, he ingresado a mi hija por ictericia muy alta, he operado a mi hijo de vegetaciones, he pasado una crisis personal y hace que no duermo seguido más noches de las que tiene el año.

Así que para cuando llegué al cine, a ver Somewhere, la última invención de Miss Sofía Coppola, mi mente estaba mucho más en la conversación con mi casero que en la vida de Johnny Marco, un actor a lo Tom Cruise pero vacío de contenido. Famoso, irresistible, guaperas profesional, díscolo, drogadicto, bebedor, fumador, follador impenitente y padre de una  hija casi por  casualidad. Su única amiga? Su exmujer. Su única compañía constante? Su Ferrari. Su única salvación? Su hija.

Por esas cosas del destino, cuando la conversación con mi casero se cortó, volvió a sonar el móvil y volvió a poner que era mi casero. Algo habrá olvidado, pensé. Alguna otra necesidad crematística quizás. Para mi sorpresa, contesté pero sólo se escuchaban voces de fondo, como si la puñetera mala suerte les hubiera conectado en tiempo real pero de manera absolutamente involuntaria. Y entonces asistí a mi despellejo on line. Mi casero y su hija me criticaban por llevar a mi hija de siete meses a la guardería. Eso sin saber que la llevo a una guardería pública llena de inmigrantes, como ella por cierto. Pues no les irán tan bien las cosas, decían, si tiene que  llevar a la niña a la guardería. Es que no le puede poner una persona de servicio para que no la tenga que sacar de casa tan pequeña? Supongo que se referían a que mi marido, que para eso es el hombre de la casa, me tendría que poner suficiente servicio para que yo, pobre pringada de tres al cuarto, tenga otro remedio que mandar a mi hija a un lugar tan obsceno y vulgar como una guardería -pública para más verguenza ajena-.

No sé por dónde empezar. Si desvalijar la casa familiar y meter unos inmigrantes ruidosos para despertar a los espíritus, o bien sacar a mi hija de la guardería y enviársela a mi casero con un lacito: 'para que la cuides de nueve a cinco, mientras yo trabajo, y así evitamos los virus tan inconvenientes de los niños mocosos de la escuela pública, por otro lado tan de capa caída en estos tiempos que corren de privatizaciones. Y lo que nos queda por ver. Saludos. Tu inquilina, a la que no le van tan bien las cosas como parecía. Muchos cariños y que lo paséis bien'.