Si no tienes con qué pagarte el cotillón de este fin de año, que por lo que he podido constatar siguen por las nubes -en qué estarán pensando los dueños de los hoteles y restaurantes- siempre puedes pedirle a tu mujer, u ofrecerte a ti misma, una buena donación de óvulos.
Por definición, las donaciones de cualquier parte de tu cuerpo, y los óvulos están incluidos, son gratis. O sea, no puedes vender un riñón al mejor postor, pero tampoco unos cuantos óvulos. Y anónimas. Bueno, lo segundo puede que se cumpla, pero lo primero?
El Instituto de Infertilidad Valenciano en Castellón ofrece 900 euros a cada donante de óvulos. Claro que no es el precio en que valoran los óvulos de la donante, sino una pequeña indemnización por las molestias. Que son unas cuantas. Por lo que sé, hay que hormonarse primero y después someterse a unos pinchazos y extracciones por ahí abajo. Todo eso le cuesta al Instituto 900 euros por persona. Mi madre tenía una chica limpiando en casa que se había financiado un equipo de música completo con lo que había sacado de las donaciones, llevaba ya tres o cuatro a los 21 años.
La noticia es que se han disparado las ofertas de donación de óvulos en Castellón hasta un 133% más de lo habitual, achacable a la crisis económica que padecemos, según interpreta el director clínico del Instituto de Infertilidad.
Teniendo en cuenta que los cotillones selectos no bajan de los 150 euros por persona y noche, con una donación te pagas el cotillón de la pareja y hasta un fin de semana en un hotelito rural. Que quieres, por ejemplo, pasar la noche en el Balneario Vichy Catalán de Caldes de Malavella? Ningún problema, si te das prisa en cobrar los dineros por 630 euros la pareja puedes pasar la noche del 31 en el balneario, cenar en cotillón y relajarte con una oferta de sauna+piscina+masaje. Ves? Aún te sobran 270 euros para extras.
Se me olvidaba. Si eres hombre a lo máximo que puedes optar por un poco de tu precioso semen es a 60 euros por extracción, por las últimas informaciones que tenía. Pero no es discriminación, es que al hombre le basta con una sala llena de revistas porno y unos minutos de pajilla, y a la mujer hay que hacerle una intervención en toda regla. Nuestros gametos no cuestan lo mismo de sacar, como tantas otras cosas.
Pero vuelvo al segundo punto, el del anonimato. Esto vale para todos. En España la donación es anónima por definición, así que no se puede donar para tal o cual pareja de amigos, como sí se puede hacer en otros países. Se supone que cada hospital tiene su registro de datos de donantes, absolutamente confidenciales y bajo llave, pero se supone también que existe un registro central de datos, previsto por la ley, que consigue que las mismas personas no donen una y otra vez para pagar todos los plazos del ordenador o del coche. Una ginecóloga me dijo que no es bueno donar más de dos o tres veces en tu vida, aunque desconozco las razones médicas. Pero la misma médico me reconoció que no existe tal registro central de datos, con lo que no hay forma de controlar a las universitarias que postulan al puesto de donante anónima. Y, en confianza, me dijo, hay tantas dificultades para conseguir donantes que a nadie le interesa controlarlo.
El problema lo tendrán cuando todos esos niños nacidos de donante anónimo crezcan, y quieran conocer los datos del donante, según el derecho que les concede la ley de técnicas de reproducción asistida. La identidad del donante se mantiene anónima, salvo riesgo grave para la salud o la vida del niño nacido fruto de la donación, pero se pueden conocer datos como el color de su pelo, el color de sus ojos, su altura, y quizá rasgos de su personalidad. Queda pendiente que haga un estudio personalmente de este asunto. Sería interesante saber qué datos se recaban de los donantes.
Claro que, para pedir sus datos, primero tendrían que saber que fueron fruto de técnicas de reproducción asistida, y que sus datos genéticos no coinciden con los de su padre o su madre. Y de momento nada obliga a los padres a contárselo. Pero ése será otro debate. Seguirá.