Mientras Muamar el Gadafi les sale de nuevo rana a los americanos, y yo lo veo caer desde mi mesa de ama de casa y con mi hija prendida de mi teta, mientras escucho a Mariló Montero decir en las Mañanas de la Uno que la piel hay que cuidarla con verduras y frutas, me acuerdo de todos los dictadores que muerden la mano que les alimenta y pasan de ser 'nuestros' hijos de puta -Kissinger dixit- a ser los hijos de cualquier perra de por ahí que no merece vivir.
Escucho con estupor cómo Obama, mi Obama, ha dicho que no descarta introducir armas en territorio libio. Eso lo entiende cualquiera, quiere armar a los rebeldes al régimen. Pero ni siquiera sabemos quiénes son. Son buenos por definición porque se oponen a 'ese cerdo de Gadafi que está masacrando a su propio pueblo'. Pero no tenemos ni la menor idea de quién mueve los hilos de la oposición ni si vamos a armar a la propia Al Quaeda. Ni a nadie le importa ya. Hay que parar al coronel porque nadie reta a Occidente sin salir accidentado cuanto menos.
Lo hicieron con Sadam Hussein. Primero le armaron para defenderse del mal iraní y luego, cuando se volvió 'loquito', le apresaron y dejaron que su gente le ahorque. Ahora le toca el turno al libio. Y quienes le ataquen serán bendecidos y beneficiados con el placet del mundo civilizado en pro de los derechos humanos y la defensa de las libertades.
Prefiero a Mariló Montero y sus mañanas de gimnasia abdominal para la tercera edad.
