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PASA PASA ESTÁS EN TU CASA

COMO EN TU CASA



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martes, 13 de septiembre de 2011

Porteños


Imagina todo lo que has tenido que trabajar y sudar para conseguir una casa de diseño. O de ensueño. Eres eso, diseñador de mobiliario urbano, y vives en la casa que proyectó nada menos que el gran Le Corbusier. Cada día sales de tu chabolita de nada y encuentras a turistas haciéndole fotos. Por muchas ventanas y cristaleras que tenga tu casa de arquitecto, a ti no te importa que cuatro turistas chinos mandarines capturen tu intimidad. Como mucho, a tu hija la autista haciendo bailes en su habitación insonorizada. O a tu mujer enseñando yoga a mujeres pijas y estresadas. Por ese orden. Eres feliz de ser tan afortunado y de que todo el mundo lo sepa. Miren, ese tipo es el dueño de la casa de Le Corbusier. Eres porteño, che, te comés el mundo.

Y entonces un día te despierta un ruido atípico. Tu casa no es de las que proyecta ruidos sin sentido. Así que te levantas, más intrigado que molesto, a mirar quién perturba tu paz exterior. No puedes creerlo. Tu vecino de al lado, el que te pega pared con pared en una de las muchas cristaleras de  que dispones -más que una casa, lo tuyo parece una galería expositor del barrio rojo de Amsterdam- está agujereando la pared de su casa y construyendo, a través de ese agujero, una ventana con vista directa a tu posada. No importa que dé a la cocina o a una escalera. Está a un metro de tu cristal y podría cruzar de un salto para darse de bruces contra vosotros. O espiar a tu hija ausente. Al menos alguien le daría un susto alguna vez.

Tu mujer se queja. Tu hija sigue bailando. A ti te rompe las pelotas tener que reclamarle que cierre el  agujero, pero no sabes qué te da más pereza, si escuchar las quejas de tu mujer o aguantar al pesao de tu vecino, que ha resultado no sólo molesto e inaudito, sino inasequible al desaliento. Quién dijo no?

Y tu vida se va precipitando por ese agujero que él cavó en la pared. Quiere un cacho de luz para alegrar su casa de sesenta metros cuadrados. Tú, pelotudo burgués lleno de ventanas y miradores, qué le vas a consentir que agujeree tu intimidad.

El hombre de al lado. Argentina. Ahora en cines. Cliché de los buenos.

martes, 8 de junio de 2010

Intimo y personal

En el 2007 no sólo me casé, sino que monté una buena en un país de cuyo nombre no sé si acordarme... en el 2010 celebré mi cumpleaños en una terraza junto al mar, y las mismas caras que me encontré en las fotos de la despedida de soltera, volvían a estar en la secuencia 2010... algunas habían cambiado de escenario geográfico y por eso no salían en la foto, pero en esencia permanecía el espíritu y sus habitantes... y si sigo mirando atrás me voy encontrando con las mismas caras amigas año tras año... eso, para mí, es la amistad. Año tras año, desengaño tras desengaño, pelea tras pelea, alegría tras alegría, convocatoria tras convocatoria, a pesar de los embarazos, a pesar de las noches sin dormir, a pesar de los novios o gracias a ellos, ahí seguimos nosotras al pie del cañón. Ni todas igual de unidas ni todas igual de próximas, pero todas sí, de un modo u otro, conectadas desde el cariño.

Llegó el pasado fin de semana, y como me había quedado de rodríguez debido a motivos laborales de mi marido, pues las convoqué a todas para celebrar un año más los consabidos cumpleaños. Y ahí de nuevo nos pusimos a recordar anécdotas y a partirnos de la risa por lo que hemos vivido juntas. Lo que hemos llorado juntas ya lo dejamos pa otro día.

Y llegó el sábado, y aprovechando los mismos motivos de rodríguez, llamé a una de mis mejores amigas que vive en otra ciudad para que se cogiera el petate y pasara día y medio conmigo y con mi hijo, haciéndonos compañía y volviendo a la intimidad que el día a día nos habría restado de no ser por el email... porque la presencia física es insustituible, así que hemos pasado dos días compartiendo confidencias, cotilleos, consejos, juegos infantiles, recuerdos, dudas, proyectos...

Tener amigos en familias cortas como la mía ha sido del todo imprescindible para pasar los años. Aquellas compañeras con las que un día compartí piso, ahora son mis hermanas. Supe lo que era tener una hermana cuando las conocí a ellas. Para poder charlar a las tres de la mañana cuando llegas de fiesta, o desayunar al mediodía de un domingo y contarte el último tonteo de la noche anterior, o llegar agobiada de trabajar y desahogarte con sus alegrías... luego llegan los novios, las parejas estables, y compartes  alcoba y vida, pero los secretos y las confidencias con tus amigas son y siempre serán insustituibles.

Habrá quien no los necesite. Para mí son como respirar. Este post se lo dedico a ellas.