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martes, 22 de junio de 2010

Vacaciones de verano


Ayer escuché por la radio un programa en el que una psicóloga explicaba cuáles de los conceptos que se asocian con VACACIONES son erróneos y cuáles son acertados. En su opinión, claro está. Que no en la mía por distintas razones.

Lo primero que dijo es que 4 semanas de vacaciones seguidas son demasiado, y que mejor cogerlas partidas una semana aquí y otra allá. Pues qué quieres que te diga. A mí donde se pongan cuatro o cinco semanitas off y seguidas, que se quiten las tonterías estas europeas avanzadas. De toda la vida, la primera semana sirve para desconectar -en casos de curros con mucho estrés como los tenía yo antes, que ahora me sobra con media hora para hacer click-. La segunda entras en materia, ya no te acuerdas del nombre de tu jefe. La tercera la disfrutas a tope y eres libre cual cometa en el cielo, y la cuarta vas reflexionando antes de caer en la profunda depresión de la corbata y el tacón alto.

Claro que, no es lo mismo irse de vacaciones con niños al apartamento de la playa de Sant Feliu, que es precioso pero está a dos cuadras de tu casa, que irse a Bora Bora (véase foto arriba) con tu maromo y sin la prole detrás. Que habrá quien se aburra en Bora Bora más allá de tres días, pero no es mi caso. A mí dame un buen libro y una playa casi desierta y llévate el reloj de pulsera. Siempre que las comodidades sean las de la foto, jejeje.

Y aquí entro en el segundo tema de fondo expuesto por la psicóloga. Ella opina -la llamo ella porque no recuerdo su nombre, mil perdones- que no hace falta irse a las chimbambas para disfrutar de las vacaciones. Que nos estresamos cogiendo aviones, perdiendo maletas, soportando huelgas de pilotos, pagando hoteles que no nos podemos permitir... para luego sacar las fotos en el facebook (ayer por lo visto uno había publicado fotos de un viaje que no había hecho, para no quedar mal por lo que se esperaba de él), cuando bien podríamos aprovechar esa casa en la playa que nos dejan nuestros  padres  y que hasta tiene una piscina, a veinte kilómetros de casa.

Vale que con niños la casa de la playa a veinte kilómetros es una ventaja superlativa. Pero yo hablaba de verdaderas vacaciones de tus quehaceres diarios y de desconectar del mundanal ruido. Y para eso, ni pañales ni despertares sobresaltados en medio de la noche ni biberones ni casas de los suegros. Una vez más, me quedo con el hotel de Bora Bora y el silencio de los peces. Vale, que si tienes familia no te puedes ir un mes a hacer de nativo.  Pero dame unos diez días al menos, y luego me meto en el chalet de la playa con otro ánimo. Que estamos definiendo unas vacaciones de calidad, no la vida real. 

Y lo único en que sí estuve de acuerdo fue en su tercera conclusión. No agobiarse por ver todos los pueblos por los que pasas milímetro a milímetro, no llevar a cabo todas las actividades que mandan los monitores del club de vacaciones, no anotar en una lista todos los libros que quieres leer en tu período de asueto y sí perderte algunas cosas por una buena siesta o lo que se tercie.

Yo confesaré aquí un secreto de mis vacaciones en Costa Rica. Violando expresamente el pacto de silencio que tenía con mi compañera de viaje al respecto. La primera noche, después del resacón del avión y de un calor húmedo de mil demonios, nos propusieron ir a ver salir a las tortugas del mar como a las doce de la noche. Había que levantarse a esa hora, ponerse los anoraks porque  estaba diluviando, caminar hasta la playa como tres kilómetros de selva y después con las linternas mantenernos agazapados y en grupo hasta que, quizás, viéramos alguna tortuga poner sus huevos.

Las dos nos prometimos a nosotras mismas que no contaríamos a nadie que no habíamos visto las tortugas. Cuando vuelves de CR es lo primero que te pregunta todo el mundo. Así que mientras dormíamos tan ricamente en unos colchones nada mullidos y rodeadas de bichos por todas partes, soñamos que habíamos visto esas tortugas y esos huevos. Y al día siguiente, bien descansadas, comentamos con los demás lo interesante que había sido la experiencia.

Este blog se lo dedico a mi amiga de Costa Rica. Y también se lo dedico a mi amiga JO GRASS, cuyo blog me ha dedicado este premio que aquí reproduzco y la felicito por el año que lleva deleitándonos con personajes y ciudades que, a través de su imaginación, podemos casi tocar.