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miércoles, 4 de julio de 2012

la muerte y el muerto


Hay algo de obsceno en la muerte. En la muerte de otro precisamente. El muerto desaparece y sus herederos se ven forzados a hurgar entre sus cosas para sacar lo mejor y lo peor del muerto de entre los muebles y el polvo. A vender o regalar, a donar o a guardar, miles de tesoros y cachivaches que el muerto atesoró en vida o simplemente olvidó en un desván. Cartas de su juventud y periódicos olvidados del día del nacimiento de sus hijos. Cosas que un día quiso mostrar a unos y otros y por falta de tiempo nunca consiguió desempolvar. Máquinas de escribir obsoletas o cámaras de fotos que podrían recuperarse para un museo, vinilos y fotos de personas que no recuerdas haber visto jamás. Hurgar en los bolsillos de las chaquetas del muerto por si dejó monedas olvidadas o una dentadura postiza. O peor, por si dejó papeles que no quiso que nadie encontrara nunca. Es lo que tiene la muerte, que te coge por sorpresa, que es inesperada por mucho que la sepas cierta. Nunca te la esperas. Y por eso mismo es odiosa, temida, dolorosa, y más que nada obscena. 

lunes, 15 de agosto de 2011

Los ausentes de Maya Fritts


Dice Juan Gabriel Vásquez en su última novela El ruido de las cosas al caer -premio Alfaguara- "Y eso fue lo que pasó: que estaba sola, me había quedado sola, ya no había nadie entre mi muerte y yo. Ser huérfano es eso: no hay nadie por delante, uno es el siguiente en la línea. Es su turno. Nada cambió en mi vida, Antonio, yo llevaba muchos años sin ellos, pero ahora ellos ya no estaban en ninguna parte. Era como si se hubieran ausentado. Y como si me miraran, sí, esto es difícil de explicar, pero me miraban, Elaine y Ricardo me miraban. Es dura, la mirada de los ausentes."

Yo lo que digo es que llegué a mi casa de verano, no porque sea mía sino porque de tanto alquilarla se ha tornado propia en cierto sentido engañoso, y mi hijo abrió todas las puertas ufano y mirando por las esquinas, tratando de encontrar a alguien que se hubiera escondido para sorprenderle. Y exclamaba 'hay alguien, hay alguien!?'. Le pregunté que a quién buscaba sabiendo la respuesta, y me dijo que 'a mi abuela' y yo le dije que ya no estaba su abuela. Y entonces preguntó por la amiga de su abuela y le dije que tampoco este año había venido. Y entonces él, con toda naturalidad me preguntó 'pero están todos muertos?'. El primer verano sin ti. Y estás por todas partes, como los ausentes de Maya Fritts.

Cuando he terminado de leer El ruido de las cosas al caer, lo he vuelto a comenzar. Es lo que tiene el verano, que puedes regodearte también en los placeres.