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viernes, 30 de enero de 2009

el busca basuras

Yo a partir de hoy, y por lo que me pueda venir, he decidido tirar mi basura en casa del vecino. Ya he ideado un plan. Como ellos no están por las mañanas, pienso colarme por su terraza tres días por semana y depositar allí mis residuos orgánicos e inorgánicos. Al cuerno con el reciclaje, no soporto las imposiciones cívicas. Y que le den a mi vecino ecologista, seguro que él tiene mejores contactos que yo para resolver el entuerto.

Y es que me he enterado de que en San Sandurní d'Anoia, o sea a cuarenta kilómetros de casa, están multando a los vecinos que no reciclan sus basuras. Hay un concejal independiente que es el encargado de medioambiente, y cual empleado de Greenpeace -vayan por delante todos mis respetos- ha decidido erigirse en controlador de residuos del vecindario local. Así que uno o dos días por semana, no recuerdo, pasan tres operarios por los basureros del municipio e inspeccionan los deshechos del personal. Eso quiere decir que abren las basuras incorrectamente depositadas, cual gato hambriento, y buscan papeles que puedan incriminar a los vecinos de la zona. Una facturita de teléfono, de la luz, una carta del gimnasio o de tu amante, cualquier cosa vale para identificar al dueño de la basura, darle por infractor e imponerle, acto seguido, una multa desde el Ayuntamiento.

El Ayuntamiento se acoge al derecho de revisar las basuras que están en un lugar público, como puede ser el container de la calle. El concejal del PSC dice que eso viola la intimidad de los ciudadanos.

Yo no sé cómo posicionarme en esta guerra. Quiero tener conciencia ecológica. Quiero vivir en un mundo maravilloso, como los de Gas Natural. Quiero coches que no contaminen, con Obama a la cabeza del cambio energético. Pero uff, cuando se trata de buscar un contenedor para reciclar las pilas que gasto o los medicamentos caducados, las dificultades me convierten en una infractora de la peor calaña. Mi vecino todavía no sabe de lo que soy capaz.