A menudo coincido en el vestuario del gimnasio con dos chicas de edades muy diferentes pero que tienen una cosa en común: saludan cuando llegan y cuando se van. Uff, parece una nimiedad, pero me da mucha rabia la cara de tonta que se me queda cuando entro en un espacio común y nadie contesta mi 'hola'. Constantemente pienso si seré invisible y por eso no se me oye. Hasta que conocí a Blanca, campeona de atletismo de Cataluña hace unos años y que comparte la misma inquietud que yo: o somos invisibles o el personal es muy maleducado.
Blanca se levantaba a las cinco de la mañana con 11 añitos para ir a entrenar de 6 a 8, antes del cole, y volvía a entrenar de 5 a 8, después del cole. Con el consiguiente esfuerzo de toda su familia y en especial de su padre, que se levantaba a las cuatro y media para llevarla en coche, se entiende. La chica era tan buena que nadie podía decirle que no. Hasta que el No lo pronunció ella. No a más controles alimenticios estrictos y No a madrugones inhumanos de toda la familia. No a una vida tan estricta y pautada.
Ahora han pasado los años y Blanca corre 14 kilómetros al día y nada varias piscinas después, pero eso sólo lo hace porque le gusta.
La otra compañera de vestuario es una chiquilla como lo fue Blanca, y nos hemos enterado de que es actualmente campeona de natación en Cataluña. Al igual que ella hizo, la nueva campeona tiene escasos 12 o 13 años, una espalda de aquí a Roma y entrena de 6 a 8 de la mañana y de 4 a 6 de la tarde cada día, antes y después del colegio. Eso los días light.
Y luego alguno le dirá que ha tenido suerte. Suerte! Suerte es conocerlas a ellas, que saludan a todo el que entra y sale por la puerta como si tal cosa.
