
Tim Burton estrena película. Quién no está deseando ver su versión de Alicia en el país de las maravillas? Y a su mujer, Elena Bonham-Carter, en el papel de reina roja mala?
Y a pesar del amor y los proyectos que les unen, o precisamente por eso, en su casa habitan en alas separadas. Como si fueran los condes de Windsor o los personajes de la siempre venerada Rebeca, ese clásico de Hitchcock en que Joan Fontaine se perdía por las alas de la casa a las que no le era permitido acceder. Confieso que de pequeña me aprendí los diálogos de memoria de tanto verla.
La casa de Burton-Bonham son en realidad tres viviendas interconectadas en el Norte de Londres, según contaba El País -sección cotilleos- hace unos días. La primera es gótica y pertenece al mundo de Burton. La segunda es acogedora y luminosa, y es obviamente la de Elena. La tercera es infantil y maravillosa, como no podría ser de otra manera en el mundo de una pareja tan singular de director y actriz, y pertenece a sus dos hijos -de dos y seis años- y por supuesto a su niñera.
En mi casa también hay tres alas. La primera la compartimos mi marido y yo. Medirá unos cinco o seis metros cuadrados. La segunda es contigüa a la primera y es la de mi hijo. La comparte con sus muñecos y mide unos 2,5 metros cuadrados, quizá menos. La tercera está libre y es para las visitas, con la dificultad de que está directamente pegada a la de mi hijo, lo que podría incomodar a esas visitas en la madrugada. Mide unos 4 metros cuadrados.
Si yo fuera rica, seguiría compartiendo alcoba con mi pareja. Solamente que todo sería máaas grande. Y seguiría teniendo cerca la habitación de mi hijo, aunque, admitámoslo, quizá no taaaan cerca. O sí, quién sabe. Ahora, que tampoco descarto mi apartamentito dentro de la casa, para mis cosas y mis vicios. Puestos a soñar, un vestidor del tamaño de mi cuarto de dormir actual no me vendría nada, pero que nada mal.
Pero a lo que vengo. Si no duermes con tu pareja, y aunque ronque, cuál es esa intimidad que compartes? Despertarte en mitad de la noche y ver su patota encima de tu vientre, o escuchar ese graznido gutural que te despierta la noche que habéis bebido más de la cuenta, o desperezarte por la mañana y chocarte con su cabeza... Es, o no es, un placer irremplazable?
Ahí lo dejo. Se aceptan alternativas.
