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jueves, 2 de octubre de 2014

Acusados


En el año 88 no bastaba con decir NO a una violación. NO si habías estado provocando primero o vistiéndote de modo indecente. NO si habías bebido o fumado marihuana antes de la violación. Por eso lo primero que le consigue su abogada a una joven Jodie Foster en Acusados es una condena de sus violadores por 'imprudencia punible' o algo así, en vez de por un delito sexual que tan mal quedaría en el expediente de un joven y prometedor universitario con abogado de pago. 

Eso ya no podría pasar ahora, pensé yo cuando la vi de nuevo hará unos meses. Y sin embargo, anteayer asistí a unas charlas donde escuché historias macabras de prepotencia y desidia por parte de la Administración española y catalana. Desidia entendida como falta de cuidado y de interés en los casos de los ciudadanos, donde parece que hay veces que las resoluciones se comienzan a escribir por el final y después se adapta la historia al final que ya está escrito. Prepotencia porque escuchan a los acusados como si oyeran llover y luego les incriminan sin darles explicaciones en cristiano, sino con palabrejas de esas que sólo entendemos los juristas. Eso en mi pueblo genera indefensión, desconfianza y sufrimiento. 

Y digo yo: la administración no era esa cosa que pagamos entre todos? que van desbordados? bueno, y los ciudadanos no? Que cobran poco? y los de a pie cobramos más? 

No puedo reproducir las historias que escuché en vivo y en directo porque atentaría contra el principio básico de confidencialidad e intimidad de los afectados, pero había un montón de padres, de madres, de abuelos, a los que el poder omnímodo de la Administración les ha quitado la custodia de sus hijos, y lo grave del asunto es que lo han hecho por razones que ellos no entienden. 

Si todos los alumnos de la clase suspenden, no será que el profesor se explica mal? Vi caras que se parecían mucho a la que pone Jodie Foster cuando, después de ser violada por tres tíos, la obligan a seguir un 'procedimiento' y luego ve cómo pasa de ser la víctima a la provocadora de su propia violación. Y cómo sus violadores son acusados de 'imprudencia punible' en vez de por el delito que cometieron. Se pierde en el marasmo legal y judicial, en el 'procedimiento', donde las reglas del juego son tan sucias que nadie se atreve a nombrarlas en público. Donde NO, a veces, no significa NADA. 

Han pasado 26 años desde que Foster ganó un oscar por ese papel, pero los ciudadanos del 2014 en Cataluña siguen viendo cómo se quedan sin ayudas para sus hijos, sin asistencia social para sus mayores y menores, notificados y acusados en resoluciones imposibles de comprender salvo que andes con un abogado pegado al cuello, pisoteados en sus derechos salvo que te puedas pagar un picapleitos de esos que chupan la sangre, y no pasa NADA. 

martes, 22 de noviembre de 2011

CARNAGE


CARNAGE. Suena a descuartizamiento, a sangre, a humanidad que se devora. Y literalmente así es. Sólo que la traducción de esta última peli del maestro Polanski es la de Un dios salvaje, y lo de Dios o dios no sé a qué viene, pero lo de salvaje está muy claro, porque los que entran en ese piso neoyorquino que centra toda la película, desde luego no son los mismos que los que salen. Más borrachos, más heridos, más hirientes, más inconvenientes y mucho más descarnados. Como si les hubieran quitado la piel a tiras y hubieran dejado al descubierto los huesos y los músculos de su personalidad atrofiada por las circunstancias y las conveniencias sociales.

Somos seres salvajes domesticados? No lo sé, pero desde luego las dos lobas que  protagonizan este cine polanskiano excepcional -véase Jodie Foster y Kate Winslet- son puro arte dramático de carne y hueso.

La trama inicial, con texto de Yasmina Reza y obra de teatro excepcional igualmente, son dos niños que se pelean en el parque. Uno le llama al otro chivato y se lleva tal ramalazo en la cara que le parten dos dientes, por lo que acaba en el hospital. Unos padres ocupadísimos y medianamente concienciados acuden a la casa de la víctima para pedir disculpas -por el psicópata de su hijo- a los padres agraviados. Y una Jodie Foster tan formal y meticulosa les recibe y les pone a redactar un acta de abogado en que cada uno reconoce las culpas del otro de forma solemne y ordenada, sin trifulcas ni malos entendidos. Mientras, un móvil no para de sonar. El padre del psicópata tiene un iphone última generación desde el que discute con su cliente cómo afrontar una denuncia millonaria a su farmacéutica por haber sacado al mercado un medicamento que está causando estragos entre los pacientes cardíacos.

Luego hay una tarta de pera y manzana y un vendedor de utensilios de cocina que se ha vestido de clasemediero para no quedar mal ante las visitas, y que no se siente cómodo dentro de su ropa informal y casual. Y dos mujeres de primera fila a las que les gusta el whisky pero no están muy acostumbradas a beberlo.

Y luego Polanski y más Polanski. Se puede ser un genio habiendo sido un cerdo. Se puede.

lunes, 30 de mayo de 2011

A veces, escucho vooooceeees


Me cuadraba el horario. No tengo mejor explicación para decir que el pasado viernes me tragué El castor, la última peli dirigida y protagonizada por Jodie Foster junto al polémico Mel Gibson.

Un castor que habla? pensé nada más entrar. La has pifiado, Manuela, me dije. Pero qué quieres, no había otra a esa misma hora y yo tenía que ir al cine. Soy como los rain man, a cierta hora de cierto día de la semana tengo que hacer una cosa cierta y que no puede variar: evadirme de mi casa con lo que eso conlleva a través del cine. Así que Mel Gibson o lo que sea, me dije.

Y resultó que me gustó mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir. La idea de Foster es buena. Familia desunida en donde cada uno de los miembros trata de sobrevivir al descalabro de unidad que sufren. El padre, presuntamente el causante de todos los males, padece una honda depresión que ya dura tantos años que ha conseguido destrozarles a todos. Su hijo mayor, que de niño emulaba a un padre chistoso y grandote, ahora escribe postits en la pared de su cuarto con todas las facetas de su padre que no quiere ver repetidas en su persona, y a pesar de ello reproduce todos los patrones paternos con su crisis adolescente. El hijo pequeño es un bizcochito que se aísla en el cole porque se siente ignorado por su padre en casa. Y la madre, bueno ella es Jodie Foster, hacen falta más descripciones? Una mirada suya o un impulso de su cuerpo atlético pueden mover mareas y horizontes. Pero no consigue sacar a su marido del hastío en que se halla, hasta que decide renunciar a él. Y en eso, llegó el castor.

Para mi alivio, no se trataba de un castor parlante, sino de una marioneta movida por la mano de Mel Gibson y que se convierte en ese yo interior que nos charla animadamente y nos ayuda a levantar el culo del sofá antes de comernos el último chocolate en favor del gimnasio.

Una vez me hicieron un test para entrar en un despacho de abogados muy grande y que ya no existe: Arthur Andersen. Como buenos americanos, en el test de entrada te preguntaban cosas como si bebías alcohol a diario y con cuánta frecuencia. Algo así como las preguntas de si has querido matar al presidente cuando vas -o ibas- a USA. Y había una pregunta aún mejor, que si escuchabas voces interiores. Bien, yo me puse a pensar un momento y llegué a la conclusión de que sí, de que muchas veces hablaba conmigo misma y hasta lo había hecho en voz alta en más de una ocasión. Así que puse afirmativo, no sé si en un intento de que me echaran antes de entrar o de desafiar al psicólogo de La Firma. Y resultó que me ficharon igualmente. Prueba de que o no se leían los informes que hacíamos los candidatos, o no daban ningún crédito a los psicólogos americanos y sus tests de personalidad/profesionalidad.

Así que cuando vi a Mel Gibson saliendo del alcoholismo gracias a una mano que le hablaba en voz alta y a un castor de peluche que le relacionaba con el mundo exterior, no me pareció una mala idea. Claro que a su mujer, Jodie, tener que follar con un castor en la frente la pone un poquito de los nervios. Tampoco me extraña.

En resumen, interesante trabajo de la Foster sobre la familia y sus vericuetos. Cuando volví a casa, mi hijo de tres años me preguntó: mamá, qué significa abandonar? al día siguiente me volvió a inquirir: mamá, qué significa pensar? Y casi me compro un castor para darle buenas respuestas.