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jueves, 17 de marzo de 2011

Te podría pasar a ti


Un día necesitaste algo de liquidez, para comprarte unas cervecitas y para invitar a la novia a cenar a un chino. Nada del otro mundo, con sesenta euros te las arreglabas. Y un amigo te contó que podías hacerte una paja en un hospital y donar el semen que te sacaras con la paja. Dicho y hecho. Unas pruebas para ver si eras apto y después unas revistas guarras que te sirvieran de inspiración. Claro que a los dieciocho con tu imaginación te bastaba para menearla y conseguir resultados.

Dieciocho años más tarde alguien te llama por teléfono. Y resulta que es la hermana pequeña de Gwyneth Paltrow, que además es tu hija. Misma melena rubia y misma anorexia deliciosa. Y hay más. Tiene un hermano de quince años que es un crack de los deportes de equipo. Lo contrario que tú. Genéticamente son tuyos. Más tuyos que de la otra lesbiana que habita con su madre biológica. Y eso que las madres no son cualquier cosa. Ahí es nada, Julianne Moore y Annette Benning. Ni en tus mejores sueños. Claro que tú tampoco eres cualquier cosa. Eres Mark Ruffalo y esto es una película de Hollywood: Los chicos están bien.

Pero puede pasar. En USA, en muchos otros países sobretodo de raíz anglosajona, puede pasar. Un niño concebido de semen ajeno, o de óvulo ajeno, puede llegar a los dieciocho años y querer conocer la identidad de su donante. Es decir, la identidad de su padre o madre genéticos, llamémoslos por su nombre. Donar gametos no es como donar sangre. Donar gametos es donar vida. Y el donante es tan padre genético de la criatura como el que lo da en adopción. Dicen los que saben que el 50% de lo que somos es genética. Y cuando vas al hospital, cuando tienes un hijo, cuando alguien te pregunta por tus antecedentes genéticos, tanto si eres adoptado como si provienes de una donación de gametos, no tienes esos antecedentes que te pide el doctor.

En España no hay tales derechos. Un hijo adoptivo tiene a la ley de su parte para exigir conocer su identidad biológica. Otra cosa es que pueda conseguirlo según los años que hayan pasado desde su nacimiento y las circunstancias de esa época. Pero aquí y ahora, la ley y los jueces, hasta la Administración pública, están de su parte en el derecho a saber. En cambio, un hijo de donante de óvulos o semen, ése no tiene los mismos derechos a conocer. Puede que ni siquiera sepa que fue concebido con técnicas de reproduccion asistida y material genético de tercero. Solamente si su vida está en peligro, reza la ley, se podrá autorizar la revelación de la identidad del donante.

Cada inseminación artificial puede costar 6.000 euros a la pareja receptora. Cada donante de semen puede recibir 60 euros. Si es donante de óvulos y dada la complicación del asunto, puede recibir hasta 900 euros por una donación. Pero qué ocurriría si el o la donante supieran que, dentro de 18 años, alguien podría llamar a su puerta?

Hay quien opina que eso pararía las donaciones, y que ésa es la causa de que la ley no cambie y se proteja su anonimato. Pero a mí me parece que sería hermoso que, como Mark Ruffalo, dentro de 18 años pudieras descubrir que otra vida fue posible gracias a tu material genético. O no?

martes, 7 de diciembre de 2010

Y SI NO ME CREES


Sospechas de tu marido? O de tu pareja, sea del sexo que sea? O peor, sospechas de ti mismo o misma? Pues espero que no se cruce una Chloe en tu vida, porque todo en lo que creías se puede ir al traste en un pis pas.

Julianne Moore y Liam Neeson llevan muchos años casados. Cuánto hace que dejamos de esperarnos en los aeropuertos, pregunta él? Desde cuándo no salimos a recibirnos a la puerta? pregunta la personaje de Moore. Primero follábamos todos los días, sigue la pelirroja. Después un día por semana. Más tarde tuvimos a nuestro hijo y nos convertimos en los mejores amigos. Uff. Y se rodearon de confort, de una casa de cristal que es como una jaula de internamiento e incomunicación, donde el padre se ríe chateando con sus alumnas desde una habitación y el hijo compone música desde la otra punta de la casa. Y la madre, bueno intenta comunicarse con alguno de los dos pero ya se ha hecho un poco tarde para eso. Así que se va a trabajar y espía a las vecinas por la ventana de su flamante despacho de ginecóloga. Desde donde ve la vida pasar.

No digo yo que sea una película de ésas inolvidables de por vida. Pero estremece. Y es que, poner una puta en la vida de una, es cuanto menos arriesgado.