my time is now (Nike)

PASA PASA ESTÁS EN TU CASA

COMO EN TU CASA



Mostrando entradas con la etiqueta KEN LOACH. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta KEN LOACH. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de octubre de 2016

Yo, Daniel Blake


Trabajas para la Administración Pública. A diario recibes a gente que tiene problemas. Gente que ve en ti la solución a esos problemas. Como si tú pudieras decidir algo, resolver algo, determinar qué será de su conflicto, y con ello, de un trocito de sus vidas. Les pides documentación. Cuando no traen toda esa documentación voluminosa que les has solicitado, te exasperas porque te están haciendo perder el tiempo. Tiempo que no tienes de más, que necesitas para otros casos, o porque se te ha hecho la hora y quieres ver a tus hijos antes de que se vayan a dormir. Pones mala cara, piensas por dentro que se podían haber leído mejor la solicitud que les dieron antes de venir a verte. Que si no vienen preparados y atiborrados de papeles, para qué creen que han venido? 

Y todos esos Daniels Blakes te miran con miedo, pensando que si te enfadan, la pequeña tuerca que tú supones en el engranaje de sus vidas se quedará parada o, peor, contará hacia atrás y se quedarán sin casa, o sin luz, o sin agua caliente, o sin alquiler social, o sin divorcio o sin custodia de sus hijos, o sin renta mínima de inserción. Sin saber que todo eso no depende de ti, sino del sistema. Y qué sistema, preguntan? Y no saben que si llegan tarde a la cita ya no hay cita. Da igual que seas médico, mediador, trabajador social o administrativo de la agencia tributaria. Si llegan tarde su turno pasa al siguiente y no tendrán otra oportunidad hasta que el sistema vuelva a admitirlos. Y el sistema no suele ser una persona; nunca lo es. Sino un ordenador con voz en off que no te permitirá pelearte, sino apretar teclas hasta deprimirte y colgar o apagar la computadora. 

Pero por suerte hay algunos Daniels Blakes que te hacen volver a confiar, no en el sistema sino en las personas. Gracias Ken Loach. 

lunes, 1 de febrero de 2010

INVICTUS


El 24 de junio de 1995 Sudáfrica conquistó la Copa del mundo de rugby para blancos y negros, hecho que los unió en un abrazo sin precedentes y que le valió a Mandela el reconocimiento internacional y estratosférico. Esa unión pasajera y circunstancial quizá evitó una guerra civil. Ahí es nada.

El deporte como vínculo emocional aglutinador de razas, religiones, partidos políticos y colores de piel. El rugby, con toda la violencia física que comporta, y visceral por definición, consigue que unas personas que antes se masacraban salten y brinquen por un objetivo común: los colores de su equipo en la Copa del Mundo. Los Springbocks se convierten en un signo de identidad nacional para la 'rainbow nation'.

Y así es como Matt Damon y Morgan Freeman dan vida al mito en manos de la última de Clint Eastwood Invictus.

La película está llena de gestos de grandeza y estrategia de un Mandela que ya fue retratado magníficamente por John Carlin en su libro El factor humano. Desde integrar a los guardaespaldas del régimen del apartheid en su escolta personal, hasta recibir al capitán del equipo de rugby nacional para charlar amablemente alrededor de una taza de té. Nelson Mandela como un hombre esencialmente solo y aupado en el poder por gente que después no le entiende. Será por negro, será, y lo siento porque la comparación me arriesgo a que suene racista, pero Mandela defendiendo al rugby más blanco me recordó a Obama defendiendo su programa de sanidad para todos. Asociación mental que no pude evitar, por simplista que resulte.




Volviendo a lo esencial, me llama mucho la atención esa pasión que desata el deporte, que nos hace soñar por un rato en un mundo donde no hay diferencias raciales o donde tu vida no es una puñetera mierda. Para ejemplos de lo segundo, recomiendo la maravillosa Buscando a Eric, donde un mito del fútbol como Eric Cantona consigue cambiar el rumbo de un hundido trabajador de suburbio inglés al que nada le funciona excepto su mito.

Y sin embargo, no dejo de pensar que el fútbol o el rugby son pasiones de primera mano, superficiales y carismáticas pero de primera superficie y que ahí se quedan. Por lo que, terminado el partido, blancos y negros continuaron tomando café en bares diferentes y casándose por separado.

Mientras las películas se suceden, allá en la vida real los negros siguen siendo la población que integra la mayor parte del 43% que vive bajo el umbral de la pobreza en Sudáfrica. Termino con una frase de Aubrey Matshiqi, analista del Centro de Estudios Políticos: "No hay que hacerse ilusiones. Durante la Copa del Mundo de Fútbol 2010, verán a negros y blancos animando al mismo equipo. Pero, pasada esa euforia, no habrá más avances".