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viernes, 13 de febrero de 2015

A TI TE ENCONTRÉ EN LA CALLE...

Hace pocos días leí que han encontrado la manera de evitar la transmisión de algunos males hereditarios de padres a hijos, a través de una complicada técnica de fecundación de un óvulo en la que eliminan su núcleo y lo sustituyen por otro núcleo y algo así que termina en que el origen genético de esa criatura serán tres padres y no dos, como venía siendo lo habitual. 

En los casos de maternidad subrogada pasa algo parecido. Pero diferente. La gestante o portadora suele ser una, la que pone los óvulos otra y, en ocasiones, la que recibe o 'madre de intención', otra más. Por no hablar del que pone el semen, que puede ser el padre 'de intención' o un tercer donante también. Vaya, que el más listo diga quién es aquí la madre biológica? Pero lo voy a complicar un poquito más: y si no hay 'madre de intención' sino únicamente dos 'padres de intención' receptores de la criatura? Y si además los dos quieren llamarse padres como tales y no admiten que haya una madre de por medio en los papeles? 

Está pasando, no es ciencia ficción. Ha pasado en Méjico y hay dos padres españoles que dicen serlo y que no quieren a la gestante en sus papeles ni llamarse bajo ningún concepto padres adoptivos. Pero equiliqua que la ley española exige que haya una madre en los papeles, y bastante nos ha costado a los adoptados que así sea, que la madre tenga que dejar su nombre, la madre que te parió que dicen. Pero y si la que te parió tampoco es la genética? A quién querríamos encontrar? A la que nos llevó en su seno y nos parió? A la que nos transmitió su carga genética -y a la que podríamos parecernos y hasta ser dos gotas de agua-? A ninguna? Porque lo que dicen estos dos padres varones que se encuentran en México, sin poder traerse a sus nuevos mellizos a España, es que "Los padres somos nosotros. No vamos a mentir". Pero los óvulos y el útero también son de ellos? Porque esto sí que sería revolucionario! 

Yo crecí con lo de MADRE SÓLO HAY UNA, o MATER SEMPER CERTA EST, o UNA MADRE ES UNA MADRE Y A TI TE ENCONTRÉ EN LA CALLE... Voy a tener que cambiar de chip. 

viernes, 26 de noviembre de 2010

SABER QUIÉN ERES


A dos días de tener nuevo Conseller en Cap de la Generalitat -se dirá así?- y excitada por el momento, entre mocos y vómitos provocados por la acidez de estómago -que no por los políticos- no he tenido tiempo de actualizar el blog esta semana. Ustedes me perdonen. Y sin embargo, El País del pasado lunes traía un artículo de lo más interesante y que confirmaba algunas de mis teorías sobre la genética y el derecho a conocerla. 

El artículo lo titulaban DONAR EL ESPERMA NO ES SER PADRE (DE MOMENTO) y solamente con ese titular ya queda claro que el articulista que lo firma, Jaime Prats, no está muy a favor de ir por ahí revelando datos íntimos sobre los donantes de gametos, entiéndase esperma y óvulos. 

Y sin embargo, le agradezco que nos haya ilustrado con un montón de datos que yo todavía desconocía -aunque intuía-. Como por ejemplo, que en países como Inglaterra, Suecia, Austria, Alemania, Noruega, Finlandia, ya se ha cambiado la ley para evitar que los donantes puedan esconder su identidad al donatario. Quiero decir que si el chico o chica fruto de esa donación, cumplida cierta edad que suelen ser los 18 años, quiere conocer la identidad del donante, ya puede hacerlo.

Aspavientos? Bueno, los mismos que hace unos años provocaba idéntica situación en los adoptados que querían conocer su verdad biológica. No es lo mismo 'hacerse una paja', dicen algunos, que llevar un niño en tu seno nueve meses y luego donarlo. En primer lugar, que para el hombre sí es lo mismo, exactamente lo mismo. Y para la mujer, bueno es verdad que llevarlo en su seno nueve meses marca toda una vida, que me lo pregunten a mí, pero también es cierto que el código genético ya se lo transmimtes igualmente con una simple donación de óvulos.

Si la niña o niño salen rubios o morenos, si tienen cierta inclinación por la música o por el baile, si tienen tendencia a ciertas enfermedades hereditarias... todo eso va en su código genético y basta una 'paja' para heredarlo.

Así que, por qué negamos a los hijos de in vitro lo que no negamos a los hijos adoptivos -de ahora-? Pues porque la ciencia y la sociedad van avanzando lentamente, y tienen que asimilar los cambios que se van produciendo. Porque los niños de in vitro todavía están creciendo y aún no se han revelado del todo. Y más que nada y sobretodo, porque cada inseminación in vitro puede costarle a la pareja que se quiera someter a la técnica la friolera de 6.000 euros más o menos.

Una concienciación previa de los donantes de semen-óvulos de que, aparte las incomodidades -para ellas-, están donando vida y de que su código genético va a quedar por ahí reproducido en cualquier sonrisa o mirada que vean por la calle, quizá frenase las alegres donaciones que se hacen por dinero. En alguna ocasión ya he contado que conocí a una chica que se financió su equipo de música y otros aparatos electrónicos a base de donar óvulos varias veces.

Vale, no es como donar sangre y ni siquiera se parece a donar órganos. Es una vida lo que estás creando -que no salvando- con tus óvulos o tu esperma. Eso lo cambia todo, y no está mal que se supiera. No está mal tampoco que se supiera que ya actualmente, con la ley que tenemos en vigor, si el niño o niña concebido sufriera algún peligro para su vida o su salud, de carácter grave, podrían avisarte por si tus datos genéticos pudieran ayudar a su curación. No significa que tuvieras que donarle tu riñón, pero sí que tendrías que desvelar tu identidad. Así que, por qué no admitir que has creado una  vida y que un dia podría venir a preguntarte porqué lo hiciste, o cuáles son tus gustos musicales? No te sacará los ojos ni tampoco se colará en tu herencia ni querrá instalarse en tu piso de soltero. Sólo querrá saber quién eres.

martes, 13 de abril de 2010

Esquívame



Me he mudado a una isla desierta. En mi trabajo me refiero. Como si esta oficina fuera parte de La casa tomada, de Cortázar, así me siento yo mientras mis compañeros de oficina se han ido progresivamente moviendo hacia otra ala de la empresa, más cálida y más pequeña, antes de que tapien la zona en la que todavía yo me hallo -por eso de que ahora somos menos y hay que ahorrar energía y calefacción-. El caso es que, a forma de privilegio, me han dejado la última para la mudanza, y cada dia desde hace dos semanas acudo a una oficina donde ya no tengo ni vecinos ni compañeros, desierta, y donde me cierro la puerta para que mi calefacción no se cuele por las rendijas abiertas.

Quedarte la última tiene sus ventajas y sus desventajas. Te sientes más sola, pero también te dan menos la tabarra, porque como no localizan físicamente a 'la abogada' pues prescinden más de su criterio, pero sin hacerle daño. Así que no me quejo. Yo más que relegada en último lugar me veo como superviviente de un naufragio, y me siento en mi isla desierta a trabajar sin ruidos y sin tener que soportar conversaciones  telefónicas de  otros que a veces son tan molestas. Incluso me da para escuchar mi mundo interior.

Y mundo interior tengo un rato. Pero ni tanto ni de tanta calidad como el que disfrutan los personajes de la última película que he visto La isla interior, de Dunia Ayaso y Félix Sabroso, y con un reparto escandalosamente adecuado. Alberto San Juan no tiene un oscar por esta película porque no es americano ni trabaja en Hollywood. Candela Peña es CP vaya donde vaya y haga lo que haga, su sí misma la persigue, y por cierto que su personaje en mi opinión es el más cuerdo de todos, a pesar de los pesares. Geraldine Chaplin es esa madre fría, metálica y anoréxica que sólo ella puede bordar. Y Cristina Marcos y su padre -ahora  no recuerdo el nombre del actor que motiva toda la historia, perdón- están en su papel, diría yo.

La esquizofrenia. Ahí es nada. Las herencias biológicas, lo que pesan los cuerpos cuando se te vienen encima, lo que marca la vida un pasado infeliz, la genética y el miedo a ser igual que tu padre, la evidencia y una  madre que  no quiere verla, unos hermanos que se lastran unos a otros pero se sobreviven en los demás... si yo pensaba que tenía isla interior, vi esta película y se me quitó la tontería. Me siento de lo más ligera después de verla, y sobretodo me siento conmovida por haberla visto.