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lunes, 1 de junio de 2015

ORÍGENES


El viernes estuve participando en una mesa organizada por Addif (Asociación en defensa del derecho de la infancia a una familia) por mi buena amiga Puri Bínies, coordinadora de Addif además de escritora y periodista de larga trayectoria, y por Hijos del Perú. 

Participaron otras dos chicas adoptadas en diferentes circunstancias de las mías, en otro momento y en otro lugar, pero las tres teníamos puntos en común, a pesar de la disparidad de nuestras historias. Queríamos saber más, en definitiva, sobre nosotras. Nos llamaba la curiosidad y la necesidad de conocernos mejor. Laia admitía, antes que yo pero como yo misma, que en un momento dado de nuestras vidas nos hemos aferrado al amor de pareja como si eso pudiera devolvernos lo que no hemos tenido, como si pudiera llevarnos a olvidar un abandono temprano del que desconocemos los porqués. 

Yo no sé si en la barriga una puede aferrarse tanto al contacto materno que después, cuando te despojan al salir y bruscamente de ese latido materno, ese 'abandono' o 'separación' lo arrastras o no toda tu vida. Yo no sé si esa madre adoptiva es capaz de paliar tanto desencanto emocional 'en origen'. Lo que sí sé es que ninguna estamos buscando una madre, ni siquiera una familia sustitutiva. Pero sí un rostro, una historia, un porqué, un cómo, una mirada en la que reflejarnos, si acaso. Y algunas quizá no lleguemos a encontrarla. No importa, yo me miro en los ojos de mis hijos y con eso me basta. Y la mirada de mi madre a lo Meryl Streep siempre me perseguirá y me acunará desde donde quiera que esté. Me refiero a mi madre adoptiva, y única para mí. Porque como me dijo Puri Bínies en una ocasión, en los gestos, en las miradas, en las sonrisas, uno acaba pareciéndose a sus padres adoptivos, porque en ellos te ves reflejado y en ellos te reflejas. 

Graciar por la jornada, ojalá haya más, Addif. Os dejo un extracto de lo que ha publicado la Asociación al respecto. 


La búsqueda de los orígenes biológicos es:
Esa necesidad de encontrar tu espejo físico, ese rostro en el que reconocerte...
Esa necesidad de saber qué pasó, por qué pasó...
La curiosidad de saber si tienes hermanos biológicos o no...
La sensación de rodearte de los rostros, los olores, las sensaciones de tu cultura de origen, del lugar donde pasaste tus primeros meses o tus primeros años, de volver allí donde empezaste a ser...
El deseo de saber, en definitiva, un poco más de ti, y de tu historia de vida, sabiendo algo más de tu familia biológica, de tu país, de tu lugar de origen...
Pero no es buscar una familia, una madre, un padre..., porque ya los tienes.
No es, siempre, buscar para encontrar, porque en muchos casos hay que aceptar que va a ser imposible encontrar. Y hay que saber vivir con ello...
Estas y muchas otras reflexiones llenaron de calidad la Mesa Redonda sobre la Búsqueda de los Orígenes Biológicos en la que participaron tres hijas adoptivas: Milagros Forrester, inglesa de origen peruano y Laia Muñoz y Rosa Chover de adopción nacional. Las tres, junto con el psicólogo Carles Benet, del Servicio de Postadopción del ICAA, nos ayudaron a comprender mejor las razones, la complejidad, las necesidades de muchos hijos adoptivos.
También quedó muy claro que no todos los hijos adoptivos tienen la necesidad de buscar, que esta decisión corresponde exclusivamente a los hijos, a su propio deseo, que requiere de una estabilidad emocional y personal y de un acompañamiento y orientación profesional porque va a remover aspectos emocionales, psicológicos, identitarios ...
Un placer oír a los cuatro. Una gran satisfacción ver el interés y la participación de todos los asistentes. Y nuestro reconocimiento al Grupo de Padres Hijos del Perú y especialmente a Erika que nos pudo traer a Milagros desde Inglaterra.
Muchas gracias a todos!
Us hi esperem a la propera activitat d'Addif.

lunes, 31 de enero de 2011

Los ojos de Meryl Streep


Siempre me gustó pensar que mis padres parecían actores de cine. Mi padre murió cuando yo era una niña, así que decidí que -excepto por las orejas- tenía la misma facha que Clark Gable. Me aprendí de memoria la peli con Escarlata O'Hara y decidí que ese señor tan estupendo era igualito que mi papá. Después decidí que mi mamá tenía la misma pinta que Meryl Streep, un poco más mayor y menos glamurosa, pero cuando revisitaba los álbumes de fotos de cuando eran más jóvenes, me parecía clavadita.

Lo que más me recordaba de ella a Meryl Streep eran sus ojos. Bellos, abundantes, vivos, de mirada clara y que te podía acunar o decapitar según fueran las circunstancias. Una mirada que me ha perseguido de cerca desde que nací de un rayo cósmico y hasta el día 19 de enero de este mes. Ese fue el día en que la mirada se apagó. Yo la vi irse. Nunca había visto cómo se morían las personas. Sabía que se morían, que se iban apagando. En la tele pronuncian palabras importantes antes del final. Pero yo sabía que eso era producto de Hollywood y que a la mayoría de los mortales les pilla de sopetón y sin ánimo ni corazón ni estómago para pronunciar palabras. Y así fue la de muerte de mi Meryl Streep particular. Se le fueron los ojos hacia arriba y entonces yo supe que se había muerto. Y que por mucho masaje cardíaco que le fueran a dar, se había muerto la mujer más fuerte del mundo.

Ella me decía muchas cosas de colegio de monjas, como 'venciste mujer, venciste, por no dejarte vencer' cada vez que me veía desfallecer por alguna cosilla de las mías. Mi madre pasó por la muerte de un marido joven, por la supervivencia de una chiquilla que quería comer todos los días, fue viuda ejemplar delante de los bancos pidiendo aplazamientos y negociando compraventas, en esa época del Cuéntame en que sólo las viudas podían conseguir milagros de un banquero piadoso. Pasó por un cáncer en soledad y vivió mucha soledad.  Un día me dijo que le gustaba el espejo de su baño, grande y luminoso, porque se veía reflejada en el y se sentía acompañada. Yo vivía cerca de ella, pero a veces estábamos a muchos kilómetros. Su nieto la buscaba cuando no la tenía cerca, pero a días la echaba de su cuarto y le decía que le dejara con su mamá. Los niños son ingratos y egoístas y no saben de delicadezas. Qué cosas, ahora que sabe que el gormiti Infartum se la ha llevado, atacándole el corazón, y ella se ha quedado en una estrella, cada noche nos pregunta por la estrella y quiere mirarla para ver a su abuela.

Yo de verdad espero que los ojos de mi Meryl Streep sí que estén en una estrella. Y desde ahí nos guíen a mí y a los mios de principio a fin. Descansa en paz, mami.

viernes, 26 de noviembre de 2010

SABER QUIÉN ERES


A dos días de tener nuevo Conseller en Cap de la Generalitat -se dirá así?- y excitada por el momento, entre mocos y vómitos provocados por la acidez de estómago -que no por los políticos- no he tenido tiempo de actualizar el blog esta semana. Ustedes me perdonen. Y sin embargo, El País del pasado lunes traía un artículo de lo más interesante y que confirmaba algunas de mis teorías sobre la genética y el derecho a conocerla. 

El artículo lo titulaban DONAR EL ESPERMA NO ES SER PADRE (DE MOMENTO) y solamente con ese titular ya queda claro que el articulista que lo firma, Jaime Prats, no está muy a favor de ir por ahí revelando datos íntimos sobre los donantes de gametos, entiéndase esperma y óvulos. 

Y sin embargo, le agradezco que nos haya ilustrado con un montón de datos que yo todavía desconocía -aunque intuía-. Como por ejemplo, que en países como Inglaterra, Suecia, Austria, Alemania, Noruega, Finlandia, ya se ha cambiado la ley para evitar que los donantes puedan esconder su identidad al donatario. Quiero decir que si el chico o chica fruto de esa donación, cumplida cierta edad que suelen ser los 18 años, quiere conocer la identidad del donante, ya puede hacerlo.

Aspavientos? Bueno, los mismos que hace unos años provocaba idéntica situación en los adoptados que querían conocer su verdad biológica. No es lo mismo 'hacerse una paja', dicen algunos, que llevar un niño en tu seno nueve meses y luego donarlo. En primer lugar, que para el hombre sí es lo mismo, exactamente lo mismo. Y para la mujer, bueno es verdad que llevarlo en su seno nueve meses marca toda una vida, que me lo pregunten a mí, pero también es cierto que el código genético ya se lo transmimtes igualmente con una simple donación de óvulos.

Si la niña o niño salen rubios o morenos, si tienen cierta inclinación por la música o por el baile, si tienen tendencia a ciertas enfermedades hereditarias... todo eso va en su código genético y basta una 'paja' para heredarlo.

Así que, por qué negamos a los hijos de in vitro lo que no negamos a los hijos adoptivos -de ahora-? Pues porque la ciencia y la sociedad van avanzando lentamente, y tienen que asimilar los cambios que se van produciendo. Porque los niños de in vitro todavía están creciendo y aún no se han revelado del todo. Y más que nada y sobretodo, porque cada inseminación in vitro puede costarle a la pareja que se quiera someter a la técnica la friolera de 6.000 euros más o menos.

Una concienciación previa de los donantes de semen-óvulos de que, aparte las incomodidades -para ellas-, están donando vida y de que su código genético va a quedar por ahí reproducido en cualquier sonrisa o mirada que vean por la calle, quizá frenase las alegres donaciones que se hacen por dinero. En alguna ocasión ya he contado que conocí a una chica que se financió su equipo de música y otros aparatos electrónicos a base de donar óvulos varias veces.

Vale, no es como donar sangre y ni siquiera se parece a donar órganos. Es una vida lo que estás creando -que no salvando- con tus óvulos o tu esperma. Eso lo cambia todo, y no está mal que se supiera. No está mal tampoco que se supiera que ya actualmente, con la ley que tenemos en vigor, si el niño o niña concebido sufriera algún peligro para su vida o su salud, de carácter grave, podrían avisarte por si tus datos genéticos pudieran ayudar a su curación. No significa que tuvieras que donarle tu riñón, pero sí que tendrías que desvelar tu identidad. Así que, por qué no admitir que has creado una  vida y que un dia podría venir a preguntarte porqué lo hiciste, o cuáles son tus gustos musicales? No te sacará los ojos ni tampoco se colará en tu herencia ni querrá instalarse en tu piso de soltero. Sólo querrá saber quién eres.

lunes, 8 de febrero de 2010

Precious Jones

Lo peor que te puede pasar no es que tu padre te viole en repetidas ocasiones, te deje embarazada y tu niño sea down. Eso sin olvidar que padeces obesidad mórbida y tus embarazos han conseguido que te expulsen del colegio, que era el único lugar en el mundo que te quedaba para soñar con una vida mejor. Hay cosas peores, como que te toque una madre como la de Precious Jones en la última película de Lee Daniels.

Una madre que te odia porque su coeficiente intelectual no le da para entender que tú no provocas a tu padre para que te la meta, sino que tu padre es un tarado y un pederasta. Que te pega y te insulta porque no consigues cheques de la Beneficencia para ella y te da por hacerte la intelectual yendo al colegio. Una madre que repudia a tus hijos, sus nietos, excepto el día en que la asistente social del barrio viene a visitaros para comprobar lo bien que van las cosas por tu casa.

Creo que de los males que acosan a Precious, su madre es el peor de todos. Si tu madre te desprecia, te humilla y te explota, qué puedes esperar de los demás? Pues bueno, si eres Precious todavía te queda la esperanza de que una profesora brillante, guapa y lesbiana te acoja como su proyecto personal y te saque del agujero. Y que una asistente social como Mariah Carey -con bigote y sin maquillaje- intermedie con tu madre para que te deje en paz de una vez. Y hasta puede que un enfermero guaperas como Lenny Kravitz te asista el parto y te regale postales. Pero eso sólo si te llamas Precious y tu película la produce Oprah Winfrey. En la realidad, lo más seguro es que te pudras con tus miserias y te quedes en el barro.

Pero esto es Hollywood. Aquí todo es posible. Quién no tiene un sueño que cumplir?