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miércoles, 12 de mayo de 2010

¡Grita muy fuerte Estela!


Como en todos los fangos en que me meto, no sé cómo saldré de ésta. Ni soy pedagoga ni soy psicóloga. Ni mucho menos pediatra. Madre sí, y persona también, con eso espero que baste.

Leo con detenimiento que El País empezaba la semana con un artículo extenso a doble página al son de '¡Estela grita muy fuerte!' y no puedo evitar tragármelo de cabo a rabo. Los pedagogos mallorquines junto con el Ayuntamiento de Palma de Mallorca han puesto en marcha una iniciativa muy arriesgada con este nombre y un cuento de Isabel Olid.

Resulta que la tal Estela, niña de entre 6 y 10 años,  plantó cara a un familiar -sin definir por lo que veo para que sirva en todos los casos- y le dijo '¡no!' ante los abusos SEXUALES que éste o ésta le propinaba de tanto en  tanto, por provocarle a Estela dichos tocamientos 'asco y miedo'. La desnudaba con juegos de magia hasta que ella se lo contó a su madre y descubrió el 'pastel' que el o la familiar se llevaban entre manos (supongo que en esto del sexo del 'familiar abusador/a) no discriminarán, aunque admito que no he leído el cuento, pero si está Bibiana por algún recodo...).

Hasta ahí el cuento. Ahora viene la pedagogía. Al igual que Bibiana ha reeditado a la princesa que esperaba a su príncipe en su balcón y la ha convertido en conductora de un bólido que les lleven a ella y al inútil de su novio por el mundo entero, ahora los mallorquines se  han puesto las pilas y han tirado de nuevas creaciones para explicarles a los niños un problema que les afecta o que podría afectarles: que alguno de sus amables familiares les toquen los genitales por gusto y sin reparar en gastos.

Mi tono de sorna no se debe al tema. Es tan serio como preocupante. Pero de verdad hace falta extender este problema entre TODOS los niños de los colegios de Palma de entre 6 y 10 años? Les explicamos esto y después les damos un curso de sexología, o cómo lo hacemos?

Cito a una pediatra -madre de niño de 6 años pero que no quiso ser identificada para el reportaje de El País-: "Diría que estoy a favor de la experiencia del cuento con algún pero. Es muy difícil establecer la línea muy delgada para marcar cuándo y en qué ámbito infantil se han de explicar casi todo para dar las voces de alarma. A los 6 años, creo que no se ha de divulgar toda la educación sexual. No se ha producido el efecto descubrimiento. Enseñar qué es el sexo, no deja de ser un tema complicado.".

Y digo arriesgado porque en el mismo artículo se reconoce abiertamente que es una  experiencia piloto ergo todavía no se han podido medir ni los efectos sobre los niños no afectados por abusos sexuales, que por cierto quiero creer que todavía son mayoría en un aula cualquiera, ni tampoco sobre los que sí hayan podido padecer abusos. No lo digo yo, es que lo dice un policía local citado en el artículo, especilista en colectivos adolescentes de riesgo: "...  no sabemos aún cuál es el impacto entre menores de ese tipo de acciones".

O sea, que los niños de Palma son los conejillos de indias de este experimento, deduzco. A mí me parece grave, y todavía más cuando leo las conclusiones que saca la pedagoga impulsora del proyecto Estela, Elena Quintana: "No me planteo dudas ni riesgos, todo es positivo". Hala. Pa chulas yo.