Ramón Gómez de la Serna entró a lomos de un elefante en el Cirque d'Hiver de París con ocasión de la presentación de un libro. Pero eso era en 1927. En 2012 las noticias ya no son tan interesantes. Ni podemos tener un elefante en casa, como le gustaría a mi hijo, ni las presentaciones de libros son tan exóticas. Pero tenemos reyes que se van a Africa a cacerías organizadas por ciertos empresarios sirios y acompañados de no sé qué amigas del corazón. No está mal tampoco, oyes.
Ayer cuando escuché que nuestro rey, porque es nuestro rey nos guste o no, y le guste o no a él claro, decir lo siento -qué periódico ha sido tan cursi hoy de abrir con eso de 'amar es no tener que decir nunca lo siento de Love Story?- y poner ojitos y continuar con el 'no lo volveré a hacer más'... dios cómo me recordó a mi hijo mayor, que con sus casi cuatro años pone idéntica carita y gesto de pena cuando quiere sobornarnos y pedirnos perdón antes de tragarse un helado de postre!!!
Y luego me puse a pensar en los paralelismos. Mi hijo es el rey de la casa, y así se lo digo yo siempre que estoy de buen humor. El querría ser el rey de la selva, pero ya sabe que ése es el león cuando ruge y ni dios le tose. Y Su Majestad es el rey de la otra casa, que es la marca España y otras como Repsol, Endesa, Telefónica. No hay otro lobbista como él a favor de las empresas españolas, me consta. De los ciudadanos y de cómo los defienda no he escuchado comentarios. Tupido velo.
Si mi hijo tira una maceta o rompe un coche, sería yo, su madre, quien pagaría los daños e incluso según cómo podría ir a la cárcel por no vigilarle mejor. Su Majestad tampoco es responsable de sus actos, sino que todos ellos tienen que ir refrendados siempre por el Presidente del Gobierno, que es quien responde por sus actos si no recuerdo mal mis estudios de derecho constitucional. Así que los platos rotos los pagaríamos entre todos sus súbditos. O ciudadanos? O mejor que los pagaran las Endesas Telefónicas y Repsoles, no?
En cuanto a su breve y efectista discurso, ni dijo por qué ni dijo en qué. Ni con quién. Ni cuánto. Pero a mí, como española que me siento, me pareció que mi hijo quería un helado de postre.






