Ácida, mordaz, cruel y maldita madre es la que representa Meryl Streep en la pantalla para Agosto, dirigida por John Wells. Junto a Julia Roberts, que es esa hija con la que te mides constantemente porque sabes que tiene tu talla y que es tu traje a medida. Enferma terminal una y abandonada por el marido la otra, se muerden y se ladran en medio de un paisanaje extremo: el primo tonto de la familia, la hermana que parece lesbiana, la hermana sin coeficiente intelectual, la tía gorda que se ensaña con el primo tonto, el padre del hijo tonto dominado por la gorda, la sirvienta sudamericana que levanta la espada sólo por el honor de una niña, el novio cantamañanas y el marido infiel. No sé si me dejo algún personaje de esta comedia dramática de categoría diez elevado al cubo. Obra maestra. Una frase y una escena para no olvidar. Las mujeres, dice Meryl, cuando se hacen viejas ya no son ni guapas ni feas, son viejas. Y no emiten ni feromonas ni cantos de sirenas. Y la escena: Meryl acunada por su sirvienta latina. And the Oscar goes to...

