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viernes, 17 de enero de 2014

efímera juventud de Agosto


Ácida, mordaz, cruel y maldita madre es la que representa Meryl Streep en la pantalla para Agosto, dirigida por John Wells. Junto a Julia Roberts, que es esa hija con la que te mides constantemente porque sabes que tiene tu talla y que es tu traje a medida. Enferma terminal una y abandonada por el marido la otra, se muerden y se ladran en medio de un paisanaje extremo: el primo tonto de la familia, la hermana que parece lesbiana, la hermana sin coeficiente intelectual, la tía gorda que se ensaña con el primo tonto, el padre del hijo tonto dominado por la gorda, la sirvienta sudamericana que levanta la espada sólo por el honor de una niña, el novio cantamañanas y el marido infiel. No sé si me dejo algún personaje de esta comedia dramática de categoría diez elevado al cubo. Obra maestra. Una frase y una escena para no olvidar. Las mujeres, dice Meryl, cuando se hacen viejas ya no son ni guapas ni feas, son viejas. Y no emiten ni feromonas ni cantos de sirenas. Y la escena: Meryl acunada por su sirvienta latina. And the Oscar goes to...  

miércoles, 3 de octubre de 2012

Es el sexo, estúpido!


Sexo a los sesenta, los setenta o los veinte, qué importa? Necesitamos tocarnos, sentirnos, olernos, amarnos aunque a veces sea de mentira. El ser humano, por mucho que  lo hayamos sofisticado y ocultado bajo un aspecto más bien enfriado y egocéntrico, necesita como el aire que respira tocar y besar a otros seres humanos. O no? 

Eso le pasa a la pobre Meryl Streep -porque por mucho papel que interprete de un modo magnífico para mí siempre es MS- en su matrimonio después de cincuenta años a la sombra de Tommy Lee Jones. El esposo se  le ha hecho viejo, comodón y gruñón, os suena de algo? Espero que no porque estamos lejos de los setenta, pero nunca es demasiado pronto para aprender de los errores ajenos! 

Meryl quiere lo que queremos todas: dedicación, sonrisas, cenas románticas, bailar a la luz de las velas y hasta echar un polvete de vez en cuando. Y que la toquen, que la sientan, que la manoseen. Tommy, en cambio, quiere su sillón acoplable a su culo gordo, su serie de TV antes de dormir y su desayuno de huevos con beicon antes de salir para el trabajo. Ah, y toda una cama para él de modo que pueda roncar a sus anchas. 

Con esa perspectiva, se hace duro pensar en un final feliz, a pesar de estar viendo una peli etiquetada como comedia romántica Si de verdad quieres

Y en eso se cruza en su camino un psicólogo de parejas infelices. Donde todos los sueños son posibles y donde las  fantasías sexuales tienen que ser  reveladas en común y sin miramientos. 

Divertida y emotiva. No le pido más. 

martes, 24 de enero de 2012

Una mujer con pantalones


Lo peor de ser viejo o ser niño, es que todos los demás se creen superiores a ti, y por lo tanto invisibles, y eso supone que hablan de ti a escondidas con otros supuestos adultos, y hasta de vez en cuanto te hablan a ti en tercera persona, como si fueras un muñeco. Mamá te pone la chaqueta? He escuchado esta mañana que se levantaba y daba voces, creo que se acuerda de papá y no se da cuenta de que papá murió hace años... lo vive como si estuviera aquí con ella, no sé si deberíamos consultarle a su doctora estas cosas, estoy tan preocupada... no la dejes salir, cuidado con que coja la puerta y se marche que luego no sabe volver sola... susurros en tu cabeza, o en la de Margaret Thatcher, la Dama de Hierro.

Es la última peli de Phyllida Lloyd, la directora de Mamma mia! y tiene el lujazo de permitirse a Meryl Streep como primera actriz y dama en escena. Una irreconocible MS detrás de un maquillaje y tocado perfectos, además de una voz distorsionada que sólo ella podía conseguir. Y esos ojos, que ya hubiera querido tener la Thatcher!

La peli arranca del lado humano de una vieja de ochenta años, llena de convicciones  y recuerdos que parecen más vivos que ella. Le gusta ir a comprar leche a la tienda de la esquina como si fuera una más, pero no le gustaría morir limpiando una taza de café, sino salvando al mundo de la hipocresía y la falta de rigor. Hoy en día ya sólo tenéis sentimientos, las personas de ahora, antes nos dedicábamos más a actuar y menos a sentir esto y lo otro, dice una Prime Minister venida a menos y llena de achaques.

Y por mucho que recuerda su infancia, adolescencia y época de estrellato, olvida cosas tan nimias como quién le acaba de preparar la comida o la mantiene encerrada en casa para ahuyentarla de los peligros. Olvida que su marido no vive en casa y que su hijo está en Sudáfrica. Es dura con la única hija que se ocupa de ella, y que se aguanta las lágrimas por no reconocer a quien fue un día la mujer más poderosa de Inglaterra. O debería decir del Reino Unido.

Margaret no lo tuvo fácil. Era la hija de un tendero y era mujer. Malos tiempos para una sociedad clasista y machista. Pero una ambición como la suya no se dejaba vencer por semejantes minucias. Y pasito a pasito fue demostrando que iba como un cohete de feria, siempre arriba. Más dura será la caída, pensaron otros. Y se metió en fandangos como la guerra de las Malvinas. Qué hago, dejo a todos esos ingleses a su suerte y demuestro al mundo que Inglaterra no se sabe defender de las invasiones injustas? Y ella sola decidió y ejecutó una guerra que costó muchas vidas.

En un mundo donde los políticos se han convertido en títeres que dicen y hacen lo que la mayoría de sus votantes de cada momento quieran escuchar y 'sentir', se echan de menos políticos de raza, con convicciones  propias. Sean las que sean. Auuuh.

lunes, 31 de enero de 2011

Los ojos de Meryl Streep


Siempre me gustó pensar que mis padres parecían actores de cine. Mi padre murió cuando yo era una niña, así que decidí que -excepto por las orejas- tenía la misma facha que Clark Gable. Me aprendí de memoria la peli con Escarlata O'Hara y decidí que ese señor tan estupendo era igualito que mi papá. Después decidí que mi mamá tenía la misma pinta que Meryl Streep, un poco más mayor y menos glamurosa, pero cuando revisitaba los álbumes de fotos de cuando eran más jóvenes, me parecía clavadita.

Lo que más me recordaba de ella a Meryl Streep eran sus ojos. Bellos, abundantes, vivos, de mirada clara y que te podía acunar o decapitar según fueran las circunstancias. Una mirada que me ha perseguido de cerca desde que nací de un rayo cósmico y hasta el día 19 de enero de este mes. Ese fue el día en que la mirada se apagó. Yo la vi irse. Nunca había visto cómo se morían las personas. Sabía que se morían, que se iban apagando. En la tele pronuncian palabras importantes antes del final. Pero yo sabía que eso era producto de Hollywood y que a la mayoría de los mortales les pilla de sopetón y sin ánimo ni corazón ni estómago para pronunciar palabras. Y así fue la de muerte de mi Meryl Streep particular. Se le fueron los ojos hacia arriba y entonces yo supe que se había muerto. Y que por mucho masaje cardíaco que le fueran a dar, se había muerto la mujer más fuerte del mundo.

Ella me decía muchas cosas de colegio de monjas, como 'venciste mujer, venciste, por no dejarte vencer' cada vez que me veía desfallecer por alguna cosilla de las mías. Mi madre pasó por la muerte de un marido joven, por la supervivencia de una chiquilla que quería comer todos los días, fue viuda ejemplar delante de los bancos pidiendo aplazamientos y negociando compraventas, en esa época del Cuéntame en que sólo las viudas podían conseguir milagros de un banquero piadoso. Pasó por un cáncer en soledad y vivió mucha soledad.  Un día me dijo que le gustaba el espejo de su baño, grande y luminoso, porque se veía reflejada en el y se sentía acompañada. Yo vivía cerca de ella, pero a veces estábamos a muchos kilómetros. Su nieto la buscaba cuando no la tenía cerca, pero a días la echaba de su cuarto y le decía que le dejara con su mamá. Los niños son ingratos y egoístas y no saben de delicadezas. Qué cosas, ahora que sabe que el gormiti Infartum se la ha llevado, atacándole el corazón, y ella se ha quedado en una estrella, cada noche nos pregunta por la estrella y quiere mirarla para ver a su abuela.

Yo de verdad espero que los ojos de mi Meryl Streep sí que estén en una estrella. Y desde ahí nos guíen a mí y a los mios de principio a fin. Descansa en paz, mami.

lunes, 29 de marzo de 2010

Tiraré la primera piedra


Me he quedado sin argumentos para llevar a mi hijo a un colegio católico. O sea, que no me atrevo ya a discutirle a mi marido su decisión de optar por la escuela laica. Con qué cara le digo ahora que los curas tienen una moral impecable, que siempre te quedarán, quieras o no, esos principios básicos para la buena convivencia, esa base o rectitud, esas herramientas de la Fe con las que que podrás pisar fuerte por el mundo y ennoblecer todo lo que te rodee. Ese poso que yo tengo de mi pasaje por las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús y por los Hnos. Marianistas. Ése.

Con qué cara se lo digo, después de escuchar a Ratzinger decir que 'el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra'. A propósito de la pederastia, se entiende. Porque estaba hablando de eso, de la pederastia. Y no de prostitutas lapidadas.

Con qué voz le podría explicar a mi hijo, ya inmerso en las jerarquías del catolicismo, que los curas que le educan se gastan miles de euros en 1.300 vallas publicitarias y 8 millones de folletos contra el aborto en 2009, en 2010 idean una campaña virtual en la red social de los adolescentes, que se titula con mucho ingenio ES UN TU EN TI -retirada casi de inmediato por TUENTI por no sentirse cómodos con la utilización por la Iglesia de su marca- con el mismo fin -luchar contra una ley del aborto que reconozca en papel lo que ahora se hace cerrando los ojos-, y cuando se trata de luchar contra la pederastia, de la que innumerables miembros dirigentes de la misma Iglesia han sido encontrados culpables en un montón de países del mundo, incluido España, hacen oídos sordos y su máxima es la de acallar las 'murmuraciones' y 'que el Cielo los juzgue', poco más o menos?
Si alguien convoca una 'mani', una de ésas a las que la derecha es tan aficionada últimamente, para tirar 'la primera piedra' contra la pederastia, me comprometo a salir a la calle y tirarla.

Digo lo mismo que en los casos de la cultureta de izquierdas, que no están nunca para criticar a los dictadores de su signo ideológico. Como ahora no está Onda Cero para mencionar ningún caso de pederastia clerical. Salvo error mio, todavía no he escuchado en el programa de Carlos Herrera de las mañanas una alusión al tema de los curas pederastas. Como está Pilar Rahola de indignada porque Garzón vaya a ser juzgado, con lo que ha sido para nuestro país. Indignada porque se van a eliminar las pruebas contra los Gurtel que provinieran de escuchas ilegales entre abogado y cliente, porque según ella eso demuestra que la ley no es igual para todos. Señora Rahola, lo que eso demuestra es precisamente lo contrario, porque si se viola la intimidad de las conversaciones entre abogado y cliente, y eso no está previsto en la ley para ningún delito que no sea de terrorismo, porqué a Garzón sí se lo íbamos a permitir, dígame? Porque se trata de hundir a la derecha y entonces sí que vale?

Cansada de este país donde eres negro o blanco y en función de eso te pones unas gafas para ver el color de los demás. Sus actos no importan, lo que importa es de qué color van vestidos. A veces, ni siquiera de qué color son de verdad.

Pero volviendo al original de este debate, quien mejor lo ha contado hasta ahora no es el New York Times, sino Philip Seymour Hoffman y Meryl Streep en La duda, de JP Shanley. Yo lo conté el 2 de febrero del año pasado cuando me preguntaba, De qué duda MS? Si hubiera leido el NYT, Meryl Streep ya no dudaría tanto.

viernes, 5 de marzo de 2010

Una educación



El pasado martes vi mi vida pasar por la pantalla. No suele ocurrir frecuentemente. Uno va al cine para conocer historias de otros, recuerdos de otros, mentiras de terceros, y el martes yo me encontré con que me habían plagiado mis veintiún años en un guión que llegará a los Oscar. Me sentí de lo más orgullosa.


Yo tenía 21, y Jenny, o Carey Mulligan, tenía 16. A ella le sucedió en los sesenta y a mí en los noventa. Y su plaza era Londres y la mía el Mediterráneo. Qué importan los detalles, si a las dos nos rompieron el corazón? La gran diferencia es que el mio se rompió de veras, y el suyo se recuperó tras finalizar el rodaje.


An education es una pequeña joya del cine que espero que nadie deje en la lista de espera de cosas por hacer. Especialmente si ese alguien es una mujer que soñó en la adolescencia con ser adulta, y ahora que es adulta le gustaría volver a ser adolescente -a veces-.


Si te cruzaste con algún David entre tus primeros amores, amores incautos, no creas que fuiste la única. Si no te atreviste a vivir una aventura fuera de lo común, entonces quizá necesites vivirla ahora.


El caso es que la vida de Jenny es un absoluto y total aburrimiento. Se levanta todos los días a la misma hora, ve la cara gris de su padre en el desayuno y la de su madre que sueña con lo que pudo ser y ya nunca será. Y en eso está Jenny cuando la vida le pone una diversión por delante sin reparar en gastos: un hombre guapo, elegante, embaucador y de turbios negocios, la seduce en la misma puerta de su colegio.


Primero la lleva a conciertos. Después la lleva a fiestas. Y ya en París la mete en su cama. Por favor, quién podría negarse?


En un ambiente como el de Jenny, en donde las profesoras del colegio parecen brujas apagadas y dolientes, en donde saltarse las reglas supone la inmediata expulsión del centro docente, y en donde ya ninguna de esas mujeres que dirigen su vida escolar sabe explicarle el porqué de la importancia de Una educación, Jenny no comprende para qué seguir aburriéndose en las aulas cuando la vida está con Peter Sarsgaard en la calle.


Si la señorita Mulligan no le quita el oscar a Meryl Streep, será porque le falten años, que no agallas.