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martes, 28 de octubre de 2014

Bella Marion


Quién debería decidir si una empleada se va o se queda de la empresa? Los jefes, o sus propios compañeros? Y si la convierten en moneda de cambio? O ella o tu prima anual, ésa por la que tanto has madrugado/trasnochado y con la que ya cuentas para pagar las facturas de electricidad o las extraescolares de tu hijo. Si ella se va a la calle, tú cobras tu prima. Si ella se queda con su puesto de trabajo, tú te quedas sin prima. Y lo decides tú, en pura democracia asamblearia junto con tus otros compañeros. Sus compañeros. Así no podrás restregarle a tu jefe que es un rastrero que impone medidas abusivas contra tus derechos sociales. 

Eso mismo le pasa a Marion Cotillard en Dos días, una noche, por culpa de los Hermanos Dardenne, que la meten en un complejo dilema de cruces de intereses, necesidades y miedos y convierten a su personaje en una chica atormentada por las circunstancias de su vida y que no sabe cómo ni cuándo ni para qué. 

Dos días para convencer a tus compañeros de que apuesten por ti. Para que tu sigas trabajando, ellos tienen que hacer renuncias, y les miras a las caras y se lo pides. Renuncias, disputas familiares, dilemas morales. Puerta a puerta, piel frente a piel, en una época en que casi todos nos enfrentamos a los demás por escrito y de modo virtual, a través de una ventanita de una computadora.  

Y Marion va descubriendo que lo que parecía un fin en sí mismo, conservar su trabajo, no era más que una posición, y lo que subyacía era una necesidad vital de reconocimiento, de valoración, de estima. Dos días y una noche para convencerlos, y también para descubrirlo. 

lunes, 18 de junio de 2012

No matarás


Estoy muy cabreada. Mientras en Europa no tenemos dinero los peatones pero los viajeros de alto copete mueven miles de millones como si fueran setas -hoy Hollande pedía 120 mil millones nuevos para inyectar liquidez al sistema- los chinos obligan a abortar a sus mujeres cuando tienen un segundo hijo, salvo que paguen la multa de entre 5 mil y 165 mil dólares, según el municipio y sus recaudadores. Ya sabía que el chino es un sistema profundamente corrupto, pero no hasta el extremo de vendarle los ojos a una chica de 22 años embarazada de siete meses, sacarla de su casa, hacerle firmar un papel a ciegas e inyectarle una medicación abortiva unos minutos después. Y no contentos con eso, la abandonan después en el hospital con el feto muerto y desangrado a su costado. Ni Hitler fue capaz de tanta maldad, o quizá sí, pero al menos pasó a la historia como el más cruel de los malos. Y no somos capaces de darle más que media página de los periódicos de hoy? Ya está? La puta crisis nos ha dejado ciegos y sordos para todo lo que no sea el bolsillo propio. 

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Madre a la fuga


Sabéis de alguna madre que se haya dado a la fuga en mitad de la carrera? quiero decir, no que haya abandonado a sus hijos al nacer, no, que de ésas conozco unas cuantas y sus razones tendrán, pero una que haya comenzado a ejercer su cargo y no haya podido evitar salir corriendo en un momento dado?

Porque ser Soraya Sáenz de Santamaría o Carme Chacón es otra cosa, en mi modesta y criticable opinión. Juegan en otra división. Mira que es  mala suerte ser madre al mismo tiempo que eres 'ministrable'. Mas que mala suerte es una putada. Toda una vida preparándote para el cargo de ministra, y te llega el momentazo con un bebé en los brazos. Y tú, con las hormonas como camiones y los pezones rellenos de leche, hala a decidir entre una cosa y la otra. Porque no nos engañemos, que ser ministra no es compatible con ser madre en primera línea de un bebé. Si tienes una salus permanente y un marido dispuesto a arrebatarte el puesto, vale hay posibilidades de que el bebé ni siquiera te eche de menos. Pero y tú a él? Y las horas que no le vas a disfrutar? Y la de noches sin dormir -tocándole la frente para ver si la fiebre arrecia- que te vas a perder?

Y no nos engañemos. Por mucho corazón y mucho latido y mucho pálpito, la criatura se pegará a ti en la medida en que tú te hayas pegado a ella. Que los niños son muy puñeteros. No puedes estar de tacón alto y rimel en el ojo y ordenador en mano desde el primer día posparto, y luego pretender que se acurruque en tu regazo como si fueras una madraza. Que esto hay que ganárselo día a día y noche a noche.

Vale. Hablo desde la envidia. Yo nunca fui para ministra y por eso nada interrumpió mi lactancia de cuatro meses con baja laboral. Es más, hasta la pude ampliar para ambas criaturas y engancharla con las vacaciones de verano y las horas acumuladas por lactancia futura. Un pastón traducido en tiempo disponible. Y sí, abría el ordenador y daba algunas opiniones jurídicas por escrito a mis colegas. Pero más por no volverme loca de tanto pañal que porque alguien me obligara.

Y ahora la prensa dice que Soraya no sólo es mamá y le da el pecho a la criatura cada 3 o 4 horas, sino  que además tiene tiempo de estar en las reuniones de los ministrables a todas horas y de no brincar en la ventana de Génova. Pero qué  tomadura de pelo es ésa? Las que hemos dado pecho a nuestros infantes sabemos bien que, al menos por un mes, te pasas todo el día con la teta al aire, te untas de cremas para que no te duela y aúllas de dolor cada tres horas como mucho. No duermes y sólo dormitas, y en ningún caso te pones maquillaje porque no te da tiempo  a levantarte del sofá. Cuando termina un pecho comienza el siguiente, y cuando parece que todo acabó, pasaron las cuatro horas y vuelta a comenzar. Y eso en el caso  de que no des  'a demanda' que es lo que todos los pediatras te piden a diestro y siniestro, que significa sine die sine ore sine interrupzione.

Así que sí, por mi boca hablan la envidia, la incredulidad y el asombro de que todavía queden mujeres once como ella, que puede atender a su hijo con una teta, teclear el ordenador con la otra mano y no sufrir la hormonación con lágrimas de dolor y sueño reflejadas en los ojos cansados de la madre primeriza.

En cuanto a mí, estoy a punto de darme a la fuga. Que nadie me busque muy lejos, me basta con una habitación en el hotel que hay frente a mi casa. Lo  tengo estudiado: entro, pido una habitación, acepto el precio sin  rechistar, pongo el cartel de no molestar, apago el móvil y no vuelvo a salir del catre hasta dentro de más o menos dieciocho años. Cuando Soraya ya no sea ministra ni la crisis una realidad.