my time is now (Nike)

PASA PASA ESTÁS EN TU CASA

COMO EN TU CASA



viernes, 29 de abril de 2011

Mater semper certa est


Yo nací en una de esas casas cuna que ahora están todo el tiempo en las noticias. Donde se robaban niños y se cometían cientos de irregularidades. No digo que mi caso fuera así, pero nací en el mismo lugar que todos esos niños. Y quién sabe qué métodos utilizaron con mi madre biológica para convencerla de que diera a su bebé. Quizá era menor. Quizá no tenía medios. O quizá tenía muchos miedos. Y quizá yo no lo sepa nunca, porque la Iglesia Católica decidió ocultar esos datos y llegó a un pacto de Estado para ello. No sabemos si hay archivos o si los quemaron. Lo que sí sabemos es que nadie más que esas monjas tienen la clave de lo que pasó y de la identidad de las muchas parturientas que pasaron por sus dominios. Algunas irían voluntarias. Otras forzadas por sus familias. Otras tocadas por la necesidad. Quién puede saberlo ya.

En 1999 el Tribunal Supremo dictaminó que todo niño tiene derecho a conocer su filiación biológica, y por ende a saber quiénes son sus progenitores y por ende el nombre de su madre natural. Mater semper certa est, reza el Código de Familia catalán. Así que, pertrechada de leyes y saberes me personé ante la monja que me tuvo en sus brazos después de nacer. Pero de nada me sirvió. Ella había llegado a un pacto con esas familias de que nunca revelaría sus datos, y con esa condición nos dieron en adopción, así que ni un Juez ni un Fiscal ni toda la Democracia ni toda la Libertad la iban a convencer de lo contrario. Punto final.

Yo me contenté pensando que, sino yo, al menos los niños que nacieran después del 99 ya no tendrían mis problemas para conocer a su madre biológica. Mi proyecto de mini tesis universitaria versó sobre las renuncias de las madres a sus hijos y de cómo no hay manera actualmente de escaparse a la casilla del Registro Civil donde tienen que dejar impreso en letra grande su nombre y apellidos. No importa que luego quieran desaparecer y olvidar a su bebé. Tienen que dejar su nombre estampado. Porque los hijos tenemos derecho a saber, a conocer, a comprender el porqué de nuestro pelo rizado o nuestros ojos azules, o nuestra tendencia musical o nuestra enfermedad más reincidente. Lo dicen los Jueces y nos ha costado tanto conseguirlo...

Y ahora veo que la ley siempre encontrará una rendija por la que escaparse. En USA puede llegar Miguel Bosé o Tita Cervera o cualquier anónimo, y alquilarse un vientre por 80.000 euros. Después reciben documentos que testimonian que ese hijo es suyo y la madre de alquiler desaparece como por encanto. Llegan a España, los inscriben a su nombre y aquí paz y después gloria. Pero se han topado con una dificultad: la ley española ahora obliga a consignar el nombre de la madre natural en la ficha del Registro Civil del recién nacido. Si la pareja que adopta por este método es hetero, no tienen problema porque crean la ficción de que la madre adoptiva es la madre natural, supongo. Pero si los que adoptan son hombres, como en el caso de Miguel Bosé, qué se pone en la casilla de 'madre'?

Si sucediera en un país como el Nepal o Vietnam, diríamos que se están aprovechando de la debilidad ajena. Pero como sucede en USA quién se atreve a discutirlo.

Muchos homosexuales ya se habían topado con esta dificultad, pero será ahora con la entrada de un famoso cuando veamos qué se hace al respecto.

Madre sólo hay una. Y la mía tenía los ojos de Meryl Streep.

martes, 26 de abril de 2011

GRITA SIDNEY


Contra mi voluntad fui a ver SCREAM 4 el pasado jueves. Confieso ser una pacata del género porque abandoné el cine de terror después de Pesadilla en Elm Street 1. Recuerdo que después de la peli acudí a merendar a casa de mi abuela. Ella siempre tenía unas llaves de casa de mis padres que vivían un piso por debajo, y yo cogía las llaves y me iba a mi casa hasta que llegara mi mamá. Pues bueno, no fui capaz de hacer eso ni tan siquiera. Me quedé en el salón de mi abuela temblando de miedo hasta que alguien viniera a recogerme, y pensando que Freddy Krueger podía aparecer en cualquier momento, con sus dedos como cuchillos.

Y he vuelto al género con Wes Craven de nuevo. Y bueno, al menos ahora no me esperaba una casa vacía sino otra llena de niños que, cuando lloran por la noche, pueden ser tu mayor pesadilla, pero una de la que sabes que saldrás con una sonrisa en los labios.

La peli comienza cuando la prota de todas las entregas, Sidney Prescott, vuelve a su pueblo natal para comercializar el libro donde relata sus experiencias. Y el pueblo volverá a sorprenderla a ella. Ghost face es realmente aterrador, y los personajes de Craven son impredecibles, lo que dice mucho a su favor. En algunos momentos el público hasta se reía de las puras bestialidades que veíamos en escena, pero contra todo pronóstico eso no le quita puntos sino que se los suma. Y cuando termina piensas 'yo nunca lo hubiera adivinado'. Un diez para Craven y su cine de terror, siempre que luego en casa te espere alguien. Por si suenan el teléfono o la puerta.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Mariló, o el Libio...


Mientras Muamar el Gadafi les sale de nuevo rana a los americanos, y yo lo veo caer desde mi mesa de ama de casa y con mi hija prendida de mi teta, mientras escucho a Mariló Montero decir en las Mañanas de la Uno que la piel hay que cuidarla con verduras y frutas, me acuerdo de todos los dictadores que muerden la mano que les alimenta y pasan de ser 'nuestros' hijos de puta -Kissinger dixit- a ser los hijos de cualquier perra de por ahí que no merece vivir.

Escucho con estupor cómo Obama, mi Obama, ha dicho que no descarta introducir armas en territorio libio. Eso lo entiende cualquiera, quiere armar a los rebeldes al régimen. Pero ni siquiera sabemos quiénes son. Son buenos por definición porque se oponen a 'ese cerdo de Gadafi que está masacrando a su propio pueblo'. Pero no tenemos ni la menor idea de quién mueve los hilos de la oposición ni si vamos a armar a la propia Al Quaeda. Ni a nadie le importa ya. Hay que parar al coronel porque nadie reta a Occidente sin salir accidentado cuanto menos.

Lo hicieron con Sadam Hussein. Primero le armaron para defenderse del mal iraní y luego, cuando se volvió 'loquito', le apresaron y dejaron que su gente le ahorque. Ahora le toca el turno al libio. Y quienes le ataquen serán bendecidos y beneficiados con el placet del mundo civilizado en pro de los derechos humanos y la defensa de las libertades.

Prefiero a Mariló Montero y sus mañanas de gimnasia abdominal para la tercera edad.

jueves, 17 de marzo de 2011

Te podría pasar a ti


Un día necesitaste algo de liquidez, para comprarte unas cervecitas y para invitar a la novia a cenar a un chino. Nada del otro mundo, con sesenta euros te las arreglabas. Y un amigo te contó que podías hacerte una paja en un hospital y donar el semen que te sacaras con la paja. Dicho y hecho. Unas pruebas para ver si eras apto y después unas revistas guarras que te sirvieran de inspiración. Claro que a los dieciocho con tu imaginación te bastaba para menearla y conseguir resultados.

Dieciocho años más tarde alguien te llama por teléfono. Y resulta que es la hermana pequeña de Gwyneth Paltrow, que además es tu hija. Misma melena rubia y misma anorexia deliciosa. Y hay más. Tiene un hermano de quince años que es un crack de los deportes de equipo. Lo contrario que tú. Genéticamente son tuyos. Más tuyos que de la otra lesbiana que habita con su madre biológica. Y eso que las madres no son cualquier cosa. Ahí es nada, Julianne Moore y Annette Benning. Ni en tus mejores sueños. Claro que tú tampoco eres cualquier cosa. Eres Mark Ruffalo y esto es una película de Hollywood: Los chicos están bien.

Pero puede pasar. En USA, en muchos otros países sobretodo de raíz anglosajona, puede pasar. Un niño concebido de semen ajeno, o de óvulo ajeno, puede llegar a los dieciocho años y querer conocer la identidad de su donante. Es decir, la identidad de su padre o madre genéticos, llamémoslos por su nombre. Donar gametos no es como donar sangre. Donar gametos es donar vida. Y el donante es tan padre genético de la criatura como el que lo da en adopción. Dicen los que saben que el 50% de lo que somos es genética. Y cuando vas al hospital, cuando tienes un hijo, cuando alguien te pregunta por tus antecedentes genéticos, tanto si eres adoptado como si provienes de una donación de gametos, no tienes esos antecedentes que te pide el doctor.

En España no hay tales derechos. Un hijo adoptivo tiene a la ley de su parte para exigir conocer su identidad biológica. Otra cosa es que pueda conseguirlo según los años que hayan pasado desde su nacimiento y las circunstancias de esa época. Pero aquí y ahora, la ley y los jueces, hasta la Administración pública, están de su parte en el derecho a saber. En cambio, un hijo de donante de óvulos o semen, ése no tiene los mismos derechos a conocer. Puede que ni siquiera sepa que fue concebido con técnicas de reproduccion asistida y material genético de tercero. Solamente si su vida está en peligro, reza la ley, se podrá autorizar la revelación de la identidad del donante.

Cada inseminación artificial puede costar 6.000 euros a la pareja receptora. Cada donante de semen puede recibir 60 euros. Si es donante de óvulos y dada la complicación del asunto, puede recibir hasta 900 euros por una donación. Pero qué ocurriría si el o la donante supieran que, dentro de 18 años, alguien podría llamar a su puerta?

Hay quien opina que eso pararía las donaciones, y que ésa es la causa de que la ley no cambie y se proteja su anonimato. Pero a mí me parece que sería hermoso que, como Mark Ruffalo, dentro de 18 años pudieras descubrir que otra vida fue posible gracias a tu material genético. O no?

domingo, 6 de marzo de 2011

la liga de la leche


Hay un momento que es crucial para tu futuro inmediato cuando estás pariendo, pero no te das cuenta porque estás bajo los efectos de la anestesia, las contracciones y el chute de oxitocina. Suele suceder al mismo tiempo que un médico que acaba de terminar la carrera de medicina, o eso te parece a ti, te mete la mano dentro de la pelvis y la saca triunfal diciendo 'sí, ya está dilatada de cuatro'. Pero lo dice sin mirarte siquiera, porque en realidad habla con la comadrona y tú eres sólo la cabeza entre piernas que se queja como si fuera una coneja. Ahí por fin que alguien te habla por encima de tus piernas, y es una enfermera que llega con su bloc de notas y te pregunta respetuosamente: le darás el pecho a tu hija?  Sí, respondes entre contracción y contracción y antes de que te coloquen la anestesia epidural. Ni cuenta te has dado de que acabas de decidir tu vida para los próximos cuatro o seis meses, por lo menos.

A continuación empujas y empujas hasta que con uñas, dientes y brazos sacas a tu hija por la pelvis y te la ponen en los brazos apenas asoma el morro. Te la sujetan al pezón entre su grasa y la tuya, y contemplas extasiada entre lágrimas cómo succiona. Ahí se queda, enganchada a tu pezón izquierdo, porque el derecho está entre cables de goteros y vías en la mano para sujetarlos. Y una y otra vez succiona, para sacarte el calostro que tanto la va a alimentar mientras te estimula la subida de leche.

Los siguientes tres días serán cruciales si quieres tener leche, te dice la enfermera ya en la habitación. Cada cierto rato, póntela al pecho. Y esa frase tan inofensiva, será tu cruz y tu santo y seña. Cada vez que te quejes, que pidas desesperada que se lleven la niña a un nido para poder dormir, que aúlles de dolor por las heridas de tu pezón izquierdo, cada una de esas veces, habrá una enfermera de eso que llaman en los hospitales modernos 'nursery' que venga y con la mejor de sus sonrisas te diga 'póngala al pecho'.

No importa cuánto duela y lo poco que duermas. Póngala al pecho, repetirán como autómatas todas ellas. Dónde está la ginecóloga que defiende mis intereses y no los de la niña, preguntarás. La ginecóloga ya hizo su trabajo, señora, te dirán con desprecio. Ahora la que tiene que salir adelante es ella, y usted tiene que producir la leche que la suba de peso. Así que... póngala al pecho.

La segunda noche pido un chupete para que no me destroce las tetas. Me miran con desprecio y me niegan la mayor. La tercera noche pido a mi marido que amenace a la enfermera talibán con un cuchillo de la cena y le pida un biberón de leche artificial a las tres de la mañana. La enfermera teme por su vida y sólo por eso trae el biberón. Pero la muy cafre se lo quiere dar en jeringuilla. Claro, la niña rechaza la leche y ella opina que es que no tiene más hambre. Le pregunto alucinada porqué no se lo da con la tetina como se dan todos los biberones, y me responde que como le doy pecho a mi hija que la tetina está contraindicada para que no se malacostumbre. La volvemos a amenazar con el cuchillo de la cena y entonces ella saca la tetina y se la coloca al niño en la boca, que se traga el biberón como si fuera lo único que ha comido en su vida. Cafre de mujer.

Y aquí estoy, que si no es porque mi hija acabó en la zona de neonatos por un tema de ictericia, y me encontré con enfermeras que ya no eran talibanes sino seres humanos, hubiera mandado la lactancia materna a hacer puñetas en menos de cuarenta y ocho horas. Seguirá.

lunes, 14 de febrero de 2011

Los niños ricos

Mientras me pregunto en qué momento pasaron Pa negre en el cine de mi barrio y la pasé por alto, demostrando mi total ignorancia e incapacidad para oler una peli ganadora de Goyas -lo mismo que la Academia, que ya la podían haber nominado para los Oscar- leo un artículo en El País que me sorprende y altera mi estado de ánimo, provocándome un atisbo de terror. Lo han titulado Lo tienen todo, excepto a sus padres, y va exactamente de eso.

Niños que viven rodeados de plays station y de MP3's que los mantienen perfectamente incomunicados del mundo real. Que tienen 500 amigos en Tuenti pero ninguno en su barrio. Que delinquen por la red y por el móvil,  y que pegan a sus padres cuando son adolescentes, para llamar la atencion -psicólogos dixit-. Y cuyos mayores, que perdieron su control cuando eran pequeños mientras se dedicaban a sus carreras exitosas que les realizaban como PROfesionales, atemorizados ante tanta adolescencia sin sentido, o bien los entregan a la Administracion pública, reconociendo su incapacidad para hacerse con ellos, o tienen más dinero que eso y los depositan en un internado suizo de moda.

Me he puesto a pensar en mis amigos. No tengo ninguno que presuma de internado suizo. Y hasta donde yo sé, a ninguno le han quitado a sus hijos por no saber criarlos. Lo que veo a mi alrededor son padres y madres preocupados por la educación de sus crías hasta el infinito, por organizarles el tiempo de ocio, a veces tanto que no les dejamos ni aburrirse un ratito, que miran con lupa lo que comen en el cole para saber si pueden delegar en esos centros educativos su alimentación física y también espiritual, y que les acompañan al pediatra cada dos por tres y les van a recoger a la puerta del cole con una mandarina o unos frutos secos para evitar la galleta de chocolate.

Mamis que han renunciado a ser profesionales de éxito porque no han conseguido compatibilizarlo con los días de varicela y las noches de toses y mocos. Y padres que trabajan en exceso para pagar hipotecas y vacaciones en el mar, pero que no recuerdan la última vez que hicieron un cine. Que se conocen todos los parques de la ciudad, en los que pasan sus fines de semana desde las siete de la mañana en que se levantan a las diez de la noche en que sus dulces retoños tornan a la cama.

Y me he dado cuenta de que, o bien no pertenezco a esa clase social adinerada de la que habla el artículo. Que bien pudiera ser. O bien esa investigación de El País me está hablando de una generación de padres que ya no me representa. Padres de hace quince o veinte años que no sabían del efecto demoledor de sus carreras empresariales. Yo lo que veo ahora son progenitores deseosos de ocio más que de negocio.

Pero claro está que me podría equivocar de principio a fin. Y también es cierto que llevo un buen rato dedicada a este post, mientras mi hijo juega sin mí en el salón de la casa.

viernes, 11 de febrero de 2011

las fiestas de toda la vida

Qué se puede ver en la cartelera del cine cuando no tienes ganas de profundizar en la dura vida ni tampoco quieres ver una tontería de culos y tetas de ésas tan habituales? PRIMOS.

Es una opción muy respetable de estos días. Yo no tenía mucha confianza en ella pero salí gratamente sorprendida. Un buen rato, unas risas, alguna escena emotiva y fiestas de pueblo de ésas que ya no quedan por las ciudades. Y un paisaje bucólico que te da ganas de correr a Cantabria, en concreto a Comillas, y enamorarte de esa novia o novio que dejaste tirado por circunstancias de la vida cuando eras un pipiolo o pipiola.

Sin más trascescendia. Sales oliendo a limpio del cine y sin el estómago revuelto. La siguiente -y quizá última antes del parto- será la de los Coen, otro cantar.