my time is now (Nike)

PASA PASA ESTÁS EN TU CASA

COMO EN TU CASA



lunes, 22 de julio de 2013

Sola en casa


Un año más, los niños con los abuelos y yo de rodríguez por la ciudad condal. Sola en casa. Sola en la oscuridad de la noche, sin  que nadie chille ni pida agua ni tenga pipí ni una pesadilla. Sola en el desayuno, sin que se derrame el zumo de naranja recién exprimido ni la leche de vaca. Con la música a tope y bailando en el salón mientras  me preparo unas tostadas. Sin dibujitos animados ni tan siquiera noticias. Sólo música. Me sobra tiempo, me hago la  cama, me preparo la  bolsa del gimnasio, vuelvo a mirar el reloj y me doy cuenta de que hoy llegaré a mi hora al trabajo. 

Y sigo preguntándome: pero se la tiró o no se la tiró? Porque de toda la película de Antes del anochecer, última de la trilogía entre Julie Delpy y Ethan Hawk, yo soy así de simple, como ella en el fondo, que no quiere saber si la ama o la deja de amar y si son una  familia más o menos constituida o improvisada. Déjate de chorradas Ethan, lo que ella quiere saber se responde con un sí o con un no: mientras ella paseaba a las gemelas en el carrito durante horas por la noche para que se durmieran, y tú estabas en aquel congreso de literatura rusa, te beneficiaste a la rubia que te ponía ojitos, la Emily Bronte ésa, o no? 

Muchos lugares comunes para mi gusto en la película, y hablan demasiado. Como escritor no me lo creo mucho a él, los que yo conozco son más reflexivos y menos charlatanes, y en cuanto a ella es una pesada de tomo y lomo en la que, por desgracia, yo me reconozco a cada frase que le dice, y me chirría reconocerme casi más que escucharla a ella. Qué pesada es, pienso, o qué pesada soy, pienso. Y me siento un poco ridícula reflejada en ella, pero me reconforto pensando que el papel de  la prota debe estar escrito por un varón, porque desde luego Ethan sale mucho mejor parado. Claro que él no tiene que hacer las maletas de las niñas cuando viajan, así cualquiera. 

La comida bucólica de artistas que se marcan en la masía griega me parece un poco excesiva, demasiado cliché, pero me divierte igualmente. Todo me divierte de hecho, a pesar de que le veo un punto cursi. 

Y luego llego a casa, a la casa vacía, al nido sin pollitos, y me pongo a ver Modern family. Para ver la vida en pareja me quedo con ellos, con los de Modern family, que no dramatizan tanto. Y es que son americanos. 

Y por último, si queréis saber lo que yo opino: como la Delpy, creo que sí se la tiró. Pero también creo que no hacía falta preguntarlo. No en la vida real por lo menos. Porque, y si te dice que sí? Menos mal que Ethan es un tío listo y no responde a la pregunta. 

miércoles, 10 de julio de 2013

Este Papa sí


No soy ni mucho ni poco de católica. Lo justo.  Pero sí creo -o quiero creer- que el paso por esta vida tiene una continuación después. Me reconforta pensar que, en algún remoto lugar o dimensión, están las partículas de los seres que he querido y que siempre querré. Me he hecho a la idea de que mi madre nos acuna desde su 'estrella', a donde la depositó mi hijo de dos años cuando ella falleció. Y más aún, Jesús ha sido mi compañero de fatigas desde que tengo uso de razón. Y nunca le he sustituido. 

Así las cosas, y aunque en mis colegios primero y segundo insistieran en que la Iglesia somos todos, durante muchos, muchísimos años, casi todos, me he sentido lejana y más lejana de la curia, de las instituciones eclesiásticas de máximo rango, de los prelados más adornados de sotanas de colores, y alguna que otra vez he encontrado refugio en monjas y curas de andar por casa, de a pie, pero porque actuaban como si  fueran psiquiatras o asistentes sociales y no trataban de convencerme de nada, y menos aún de prohibirme cualquier cosa. 

Y tengo que decir que éste es el primer Papa por el que siento complicidad. El papa Francisco tiene esa impronta que yo siempre pensé que mi amigo Jesús había tenido que dejar por algún lado entre sus sucesores. Y hasta ahora no lo había encontrado en ninguno anterior. 

Francisco se ha plantado en Lampedusa y nos ha hecho responsables a todos por nuestra indiferencia, empezando por él mismo y acabando por mí. Que cada día leo noticias y veo imágenes que deberían espeluznarme y cortarme el apetito, pero el show debe continuar y yo paso de página o cambio de canal mientras comento cómo me ha ido en la  oficina o le chillo a mi hijo -perdón- para que se  termine la cena de una vez. Y, como dice Francisco, me aparto de  la  acera para no pisar a un mendigo y me cierro los pestillos de mi coche para que no me atraquen los limpiadores de parabrisas. Al igual que la Merkel y su colega Rajoy cierran las compuertas  para  que no entre agua sucia en nuestra isla de bienestar. Si acaso, la abren por dentro, por si salen unos cuantos. Que trabajo hay cada vez menos. Y si alguno se cae por el camino, que sea de vuelta a su casa. 

Termino con unas frases del magnífico artículo de Pablo Ordaz, en boca del Papa: 

“¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos, por estos hombres que buscaban cualquier cosa para mantener a sus familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto... La ilusión por lo insignificante, por lo provisional, nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia... 

¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos? Ninguno. Todos respondemos: yo no he sido, yo no tengo nada que ver, serán otros, pero yo no. Hoy nadie se siente responsable, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en el comportamiento hipócrita [..]. Miramos al hermano medio muerto al borde de la acera y tal vez pensamos: pobrecito, y continuamos nuestro camino, no es asunto nuestro, y así nos sentimos tranquilos. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar solo en nosotros mismos, nos convierte en insensibles al grito de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero son inútiles, no son nada...

Te pedimos ayuda para llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en todos aquellos que desde el anonimato toman decisiones socioeconómicas que abren la vía a dramas como estos. Te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas”.

viernes, 28 de junio de 2013

niños


A mí me abandonaron al nacer. Ya no sé si fue de forma voluntaria o involuntaria, pero de todos modos es mejor que te abandonen al nacer que posteriormente, puestos a elegir y en mi humilde opinión. Ayer saltaba a los medios una noticia que, a pesar de ser más habitual de lo que parece, siempre sorprende y electriza las heridas: dos niños de 11 años y 22 meses eran abandonados en el Ayuntamiento de Talavera de la Reina por sus padres, alegando que  no pueden mantenerlos. Aunque ahora los padres están contradiciendo esa versión, pero el hecho es que allí se quedaron, en el Ayuntamiento y sin los padres. 

Cuando hice mi posgrado sobre la renuncia de las madres a sus hijos bajo las leyes actuales, comencé preguntando a los educadores sociales y a los juristas, si eso era posible, si uno podía abandonar a sus hijos sin ir a la cárcel. Sí, me dijeron, siempre que renuncien a ellos y no los pongan en peligro. Igual que una madre puede renunciar a su hijo al dar a luz y no volver a verlo más, siguiendo ciertos protocolos, también puede renunciar a la patria potestad más tarde y dejarlo bajo la tutela de la Administración. 

Lamentablemente, me temo que la crisis pueda disparar los casos. Y uno se pregunta: ¿cómo hay que estar de mal financieramente, anímicamente, para abandonar a tus hijos? Al igual que ese cuento tan cruel de Pulgarcito, en que los abandonaban a su suerte en el bosque, en este caso los depositan en el Ayuntamiento del pueblo, con sus carritos, con sus vestidos, con sus enseres, para que otra familia más pudiente se haga cargo de ellos. 

No hay delito en este caso. No es abandono en medio de la calle ni lo han colado por una tubería de los desagües, como ocurrió con un recién nacido hará dos o tres días. No. En este caso es una entrega y una renuncia a cara descubierta y sin excusas: no podemos seguir cuidándolos. 

Imagino que ahora viene un estudio por parte de la Administración, preguntas y más preguntas, averiguaciones sobre la familia extensa de esos niños, posibles ayudas, informes psicosociales y un sinfín de protocolos. En un país -todavía del primer mundo- en que el Sr. Wert se ofrece a subvencionar con 5.000 euros a las familias que en Cataluña quieran escolarizar a sus hijos en castellano, no hay dinero para becas de comedor ni tampoco para familias en tal nivel de desamparo que se ven obligadas a renunciar a sus hijos. Me dan ganas de no pagar la declaración de la renta de este año y emigrar a un paraíso fiscal donde yo decida qué subvenciono con mi dinero y qué no. Saludos cordiales familia. 

lunes, 17 de junio de 2013

Writers


Siempre he percibido la Soledad como una Amiga necesaria y saludable. Cómo sino consigues pensar con claridad, reflexionar, leer una buena novela o bailar desenfrenadamente desnuda en el baño frente al espejo? Hay cosas que la requieren a la Soledad. Y en al menos una ocasión hasta le he dedicado un cuento a esa vieja Amiga. 

Sin embargo, ahora me encuentro con un estudio que dice que la soledad te hace comer  más galletas, más helado, te aferra a los vicios como el tabaco y el alcohol, y hasta te puede dar por follar indiscriminadamente si te sientes muy solo. Vaya por Dios, una mezcla entre el Charlie Sheen de Dos hombres y medio y la Renée Zellweger de Bridget Jones

Y me quedé pensando en las épocas en que yo he comido más galletas, más chocolate y más helado: y transcurren entre mis fines de semana más solitarios, pero más  fecundos en cuanto a escribir se refiere, y aquellos otros de embarazo, en que me sentía la mujer más vulnerable del planeta. Para el alcohol he sido siempre más bien un ser social, claro que cuando dejé el tabaco me servía mi copita de vino nada más llegar a casa para compensar. Un vicio quita otro vicio, igual que un clavo quita otro clavo. Del sexo ni hablamos, demasiadas redes sociales de por medio para confesar lo privado. 

Pero todo eso en nada se parece a la verdadera Soledad. La que se siente en grupo, en pareja, en familia, en sociedad, en medio de una fiesta, en un ascensor atestado de gente o en una playa bullanguera: la que va por dentro. Esa que duele. 

De todas ellas habla Writers, una peli de humor inteligente y con la que pasas un buen rato -con algún que otro pero- y que se ha traducido tontamente como Un invierno en  la  playa. Escritores que hablan, piensan, sienten, viven, follan, aman, odian, se drogan, y todo lo malo y todo lo bueno lo utilizan para su ficción. Se diría que a veces viven para poder contarlo. Y en familia. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

las Siervas de la Pasión


Cuando me dijeron que era adoptada, y que las monjas que me entregaron a mis padres se llamaban las Siervas de la Pasión, dios, me sentí muy rara. Por una cosa y por la otra, pero yo que soy peliculera, comencé a imaginar por qué unas monjas se habrían puesto ese nombre. Las religiosas del colegio donde yo estudié se llamaban Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, que bueno tiene su aquél pero suena menos lascivo. Siervas de la Pasión me pareció a mí que sería por las chicas que acogían. Chicas que, llevadas  por una pasión amorosa, se habían abandonado al hombre de sus sueños que les había hecho un bebé en sus entrañas. De ahí el nombre, pensé. Y me pareció romántico. 

Sí. Hasta que leí lo que decía la web de las propias monjas Siervas de la Pasión: "apasionadas por Cristo y por sacar adelante a esas chicas que, una vez embarazadas, nadie quería". Vaya decepción. O sea, que las de la pasión eran las monjas, no las chicas embarazadas como mi madre biológica. 

Y esas mismas monjas, que hoy están en todos los periódicos y en las bocas de todos los periodistas, las de la Casa Cuna Santa Isabel de Valencia, por un presunto robo de bebé y por mentir a la madre diciéndole que su hijo murió en el parto, esas mismas monjas que piden la beatificación o santificación de su fundadora Teresa Gallifa (1850-1907 Barcelona), son las que me vieron por primera vez cuando vine al mundo. 

Teresa Gallifa, su fundadora, fue madre viuda de 7 hijos, de los cuales la  mayoría murieron por enfermedades de la época, según rezan los anuarios de la orden. Pero no consiguió constituirse en una orden religiosa bendecida por el Vaticano y por el Obispo de Vic (Barcelona) hasta pasados muchos años de su fundación en 1886. Si leemos  lo que ellas mismas  han escrito, Teresa Gallifa lo único que quería era salvar a esas 'pobres chicas que, una vez embarazadas, nadie quería' de sí mismas y de sus familias, así que las acogía, les daba alimento y sustento y les atendía un parto que, sin su ayuda, quizá no hubiera encontrado obstetra que quisiera  atenderlo -siempre según las monjas-. 

Hasta 1926 no consiguieron ser orden religiosa católica apostólica y romana, y más bien eran maldecidas y proscritas allá donde se instalaban, por acoger a mujeres de  mal vivir se entiende. Tanto así que tuvieron que trasladarse de Vic a Barcelona, donde  el mal vivir estuviera más difuminado por las dimensiones de la ciudad condal. 

Así retratan en su web su misión 'salvadora' actual: Nuestras jóvenes gestantes y madres solteras proceden en general de familias honradas y buenas de toda condición social. Nos son jóvenes perdidas, sino influenciadas por la debilidad moral que engendran ideologías raras y extrañas y por el concepto materialista de la vida, que desemboca en la mal entendida "liberación de la mujer". Se suman los estragos del sexualismo, la pornografía y las relaciones prematuras. Ese complejo de causas y factores las desvía de lo que debieran ser sus centros de indefectible atracción. El hogar con su vida familiar y amor a los padres, el estudio y el trabajo, la formación cívica, moral y religiosa, la honestidad de vida y saludables diversiones... Todo ello constituyendo el clima propicio para meditar, en serio, la elección acertada de su estado de vida permanente.

Y estos son los planes que les proponen para salir del 'abismo': 

En nuestros Hogares y Residencias se las forma de manera recta y completa, explicándoles el Catecismo y cuáles puedan ser las soluciones de su problemática:
  • Casarse la madre soltera con el padre de su hijo, o con otro hombre, consciente y responsable, que las despose reconociéndole el hijo
  • Retornar con su bebé a la casa paterna observando una conducta familiar, laboral y social irreprensible.
  • Acogerse en nuestra Residencia con sus retoños, trabajando en la calle, cuidando nosotras de sus hijitos, en la nursería y guardería.
  • Solicitar el recurso de unos padres adoptantes para su hijo.
De todas  las opciones que les proponen, hoy, siglo veintiuno, no veo ninguna que sea: ponte a trabajar y saca adelante a tu hijo, con o sin ayuda de tu familia, y hazle sentirse orgulloso de tener una madre con un par de huevos para enfrentarse a la vida, a la sociedad y a las preguntas. 

Y estas mismas Siervas... que reciben subvenciones de los Gobiernos autonómicos o locales, son las que le dijeron a una mamá, y quién sabe a cuántas más, en el año 69, en Valencia capital, en el hogar de Santa Isabel, que su hijo varón habían muerto en el parto, para después darlo de inmediato en adopción, y para que 44 años después ese varón resultara ser una  hija que se ha reencontrado con su familia biológica con mucho retraso y todos  los impedimentos del mundo. 

Cuando esa chica había ido a preguntar por su madre biológica a la casa cuna, le habían dicho lo que a mí: hijita, no te tortures, las madres no vienen nunca a preguntar por vosotros, vive tranquila, tienes una familia estupenda, sigue adelante, no mires atrás. Y cuando la madre iba a preguntar por su hija biológica, o lo que fuera que tuvo, le decían: los hijos nunca vienen, están demasiado enfadados con vosotras y os guardan demasiado rencor,  no quieren saber  nada de su pasado. 

Si sigo siendo creyente, debe ser milagrito de Dios Padre. 

lunes, 20 de mayo de 2013

Es sólo trabajo


Lo que hacemos, a lo que consagramos buena parte de nuestro día de dieciséis horas -se supone que ocho dormimos-, lo que nos da de comer y nos deja dormir o nos quita el sueño, es sólo trabajo o es otra cosa? Es un modus vivendi, una fuerte e imprescindible rutina, una fuente de estrés y mala leche, una excusa para salir de casa, una obsesión, una adicción, una maldición, una rutina malsana, una fuente de contactos? 

Y más aún, creemos en nuestro trabajo? Creemos en lo que hacemos, en lo que peleamos, en lo que arriesgamos? Y sabemos por qué lo hacemos? Dinero, placer, necesidad, virtud, riesgo? Porque no sabría hacer otra cosa y conseguir dinero con ella? 

Las actividades que realizamos día a día en esos trabajos, son gratificantes, frustrantes, las odias? Jodes a alguien desde tu puesto y te parece que haces  justicia, o haces injusticia pero no te queda más remedio? Denunciarías a tus jefes si pensaras que estáis -todos- haciendo con tu trabajo algo ilegal, o simplemente estafando a alguien? Y si supieras que estás defendiendo algo a base de trampas? Lo denunciarías aún a riesgo de quedarte en la puta calle? O pensarías antes en tus niños y tu hipoteca y guardarías silencio? 

Te parece que te educaste para este tipo de trabajo, o más bien que te estás desaprovechando? 

Si alguna de las  preguntas te parece relevante, seguro que te gusta Tierra Prometida, lo último en la cartelera con Matt Damon y dirección de Gus Van Sant. Interesante reflexión, y me gusta la evolución del personaje de Damon. Los luchadores que creen en lo que hacen y se entusiasman defendiéndolo, aún cuando a veces sea indefendible, siempre me han dejado boquiabierta porque nunca tuve esa virtud. Quizá es que nací ya demasiado cínica y descreída. O el mundo me hizo así, como a Jeanette

lunes, 6 de mayo de 2013

De cartones y hombres


Un hombre un kit. Esperar, sellar, timbrar, correr, desvestirse, mudarse, sonrojarse, humillarse, arrastrarse y alcanzarlo, por fin, un sello nada más: APTO. 

Apto para dormir en el suelo, taparse con el abrigo, vestirse con zapatos disparejos, disponer de una lata de conservas que no se abra, esperar el zumbido de un avión que sobrevuele con víveres escondidos dentro de veinte cajas de cartón, más cartón, más frío, bombillas que se encienden y se apagan sin que tú las controles. 

Un actor inmejorable: Rafa Sánchez. Una actuación exquisita. Una banda sonora que ya quisieran en Hollywood -la quiero!-.Y justamente no tengo palabras para describirla, pero te hace sentir todas esas emociones por las que su personaje va pasando: el desconcierto, el temor, la alegría infinita de encontrar un huevo duro que llevarse a la boca, la rabia, la humillación, el desasosiego, la furia, el terror... y la vuelta al conformismo pacífico de resituarse con un palillo que sabe a madera y a miel. 

Hay que verla, escucharla, olerla y tocarla, hacerla nuestra. Todos deberíamos pasar por la silla que mira a la obra de Sera y Rafa Sánchez De cartones y hombres. Un lujazo. Felicidades porque lo habéis vuelto a conseguir!!!