la vida no es más que un gran acto de seducción, Philip Seymour Hoffman en rueda de prensa por Los idus de marzo, última peli de Clooney

PASA PASA ESTÁS EN TU CASA

COMO EN TU CASA



lunes, 17 de junio de 2013

Writers


Siempre he percibido la Soledad como una Amiga necesaria y saludable. Cómo sino consigues pensar con claridad, reflexionar, leer una buena novela o bailar desenfrenadamente desnuda en el baño frente al espejo? Hay cosas que la requieren a la Soledad. Y en al menos una ocasión hasta le he dedicado un cuento a esa vieja Amiga. 

Sin embargo, ahora me encuentro con un estudio que dice que la soledad te hace comer  más galletas, más helado, te aferra a los vicios como el tabaco y el alcohol, y hasta te puede dar por follar indiscriminadamente si te sientes muy solo. Vaya por Dios, una mezcla entre el Charlie Sheen de Dos hombres y medio y la Renée Zellweger de Bridget Jones

Y me quedé pensando en las épocas en que yo he comido más galletas, más chocolate y más helado: y transcurren entre mis fines de semana más solitarios, pero más  fecundos en cuanto a escribir se refiere, y aquellos otros de embarazo, en que me sentía la mujer más vulnerable del planeta. Para el alcohol he sido siempre más bien un ser social, claro que cuando dejé el tabaco me servía mi copita de vino nada más llegar a casa para compensar. Un vicio quita otro vicio, igual que un clavo quita otro clavo. Del sexo ni hablamos, demasiadas redes sociales de por medio para confesar lo privado. 

Pero todo eso en nada se parece a la verdadera Soledad. La que se siente en grupo, en pareja, en familia, en sociedad, en medio de una fiesta, en un ascensor atestado de gente o en una playa bullanguera: la que va por dentro. Esa que duele. 

De todas ellas habla Writers, una peli de humor inteligente y con la que pasas un buen rato -con algún que otro pero- y que se ha traducido tontamente como Un invierno en  la  playa. Escritores que hablan, piensan, sienten, viven, follan, aman, odian, se drogan, y todo lo malo y todo lo bueno lo utilizan para su ficción. Se diría que a veces viven para poder contarlo. Y en familia. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

las Siervas de la Pasión


Cuando me dijeron que era adoptada, y que las monjas que me entregaron a mis padres se llamaban las Siervas de la Pasión, dios, me sentí muy rara. Por una cosa y por la otra, pero yo que soy peliculera, comencé a imaginar por qué unas monjas se habrían puesto ese nombre. Las religiosas del colegio donde yo estudié se llamaban Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, que bueno tiene su aquél pero suena menos lascivo. Siervas de la Pasión me pareció a mí que sería por las chicas que acogían. Chicas que, llevadas  por una pasión amorosa, se habían abandonado al hombre de sus sueños que les había hecho un bebé en sus entrañas. De ahí el nombre, pensé. Y me pareció romántico. 

Sí. Hasta que leí lo que decía la web de las propias monjas Siervas de la Pasión: "apasionadas por Cristo y por sacar adelante a esas chicas que, una vez embarazadas, nadie quería". Vaya decepción. O sea, que las de la pasión eran las monjas, no las chicas embarazadas como mi madre biológica. 

Y esas mismas monjas, que hoy están en todos los periódicos y en las bocas de todos los periodistas, las de la Casa Cuna Santa Isabel de Valencia, por un presunto robo de bebé y por mentir a la madre diciéndole que su hijo murió en el parto, esas mismas monjas que piden la beatificación o santificación de su fundadora Teresa Gallifa (1850-1907 Barcelona), son las que me vieron por primera vez cuando vine al mundo. 

Teresa Gallifa, su fundadora, fue madre viuda de 7 hijos, de los cuales la  mayoría murieron por enfermedades de la época, según rezan los anuarios de la orden. Pero no consiguió constituirse en una orden religiosa bendecida por el Vaticano y por el Obispo de Vic (Barcelona) hasta pasados muchos años de su fundación en 1886. Si leemos  lo que ellas mismas  han escrito, Teresa Gallifa lo único que quería era salvar a esas 'pobres chicas que, una vez embarazadas, nadie quería' de sí mismas y de sus familias, así que las acogía, les daba alimento y sustento y les atendía un parto que, sin su ayuda, quizá no hubiera encontrado obstetra que quisiera  atenderlo -siempre según las monjas-. 

Hasta 1926 no consiguieron ser orden religiosa católica apostólica y romana, y más bien eran maldecidas y proscritas allá donde se instalaban, por acoger a mujeres de  mal vivir se entiende. Tanto así que tuvieron que trasladarse de Vic a Barcelona, donde  el mal vivir estuviera más difuminado por las dimensiones de la ciudad condal. 

Así retratan en su web su misión 'salvadora' actual: Nuestras jóvenes gestantes y madres solteras proceden en general de familias honradas y buenas de toda condición social. Nos son jóvenes perdidas, sino influenciadas por la debilidad moral que engendran ideologías raras y extrañas y por el concepto materialista de la vida, que desemboca en la mal entendida "liberación de la mujer". Se suman los estragos del sexualismo, la pornografía y las relaciones prematuras. Ese complejo de causas y factores las desvía de lo que debieran ser sus centros de indefectible atracción. El hogar con su vida familiar y amor a los padres, el estudio y el trabajo, la formación cívica, moral y religiosa, la honestidad de vida y saludables diversiones... Todo ello constituyendo el clima propicio para meditar, en serio, la elección acertada de su estado de vida permanente.

Y estos son los planes que les proponen para salir del 'abismo': 

En nuestros Hogares y Residencias se las forma de manera recta y completa, explicándoles el Catecismo y cuáles puedan ser las soluciones de su problemática:
  • Casarse la madre soltera con el padre de su hijo, o con otro hombre, consciente y responsable, que las despose reconociéndole el hijo
  • Retornar con su bebé a la casa paterna observando una conducta familiar, laboral y social irreprensible.
  • Acogerse en nuestra Residencia con sus retoños, trabajando en la calle, cuidando nosotras de sus hijitos, en la nursería y guardería.
  • Solicitar el recurso de unos padres adoptantes para su hijo.
De todas  las opciones que les proponen, hoy, siglo veintiuno, no veo ninguna que sea: ponte a trabajar y saca adelante a tu hijo, con o sin ayuda de tu familia, y hazle sentirse orgulloso de tener una madre con un par de huevos para enfrentarse a la vida, a la sociedad y a las preguntas. 

Y estas mismas Siervas... que reciben subvenciones de los Gobiernos autonómicos o locales, son las que le dijeron a una mamá, y quién sabe a cuántas más, en el año 69, en Valencia capital, en el hogar de Santa Isabel, que su hijo varón habían muerto en el parto, para después darlo de inmediato en adopción, y para que 44 años después ese varón resultara ser una  hija que se ha reencontrado con su familia biológica con mucho retraso y todos  los impedimentos del mundo. 

Cuando esa chica había ido a preguntar por su madre biológica a la casa cuna, le habían dicho lo que a mí: hijita, no te tortures, las madres no vienen nunca a preguntar por vosotros, vive tranquila, tienes una familia estupenda, sigue adelante, no mires atrás. Y cuando la madre iba a preguntar por su hija biológica, o lo que fuera que tuvo, le decían: los hijos nunca vienen, están demasiado enfadados con vosotras y os guardan demasiado rencor,  no quieren saber  nada de su pasado. 

Si sigo siendo creyente, debe ser milagrito de Dios Padre. 

lunes, 20 de mayo de 2013

Es sólo trabajo


Lo que hacemos, a lo que consagramos buena parte de nuestro día de dieciséis horas -se supone que ocho dormimos-, lo que nos da de comer y nos deja dormir o nos quita el sueño, es sólo trabajo o es otra cosa? Es un modus vivendi, una fuerte e imprescindible rutina, una fuente de estrés y mala leche, una excusa para salir de casa, una obsesión, una adicción, una maldición, una rutina malsana, una fuente de contactos? 

Y más aún, creemos en nuestro trabajo? Creemos en lo que hacemos, en lo que peleamos, en lo que arriesgamos? Y sabemos por qué lo hacemos? Dinero, placer, necesidad, virtud, riesgo? Porque no sabría hacer otra cosa y conseguir dinero con ella? 

Las actividades que realizamos día a día en esos trabajos, son gratificantes, frustrantes, las odias? Jodes a alguien desde tu puesto y te parece que haces  justicia, o haces injusticia pero no te queda más remedio? Denunciarías a tus jefes si pensaras que estáis -todos- haciendo con tu trabajo algo ilegal, o simplemente estafando a alguien? Y si supieras que estás defendiendo algo a base de trampas? Lo denunciarías aún a riesgo de quedarte en la puta calle? O pensarías antes en tus niños y tu hipoteca y guardarías silencio? 

Te parece que te educaste para este tipo de trabajo, o más bien que te estás desaprovechando? 

Si alguna de las  preguntas te parece relevante, seguro que te gusta Tierra Prometida, lo último en la cartelera con Matt Damon y dirección de Gus Van Sant. Interesante reflexión, y me gusta la evolución del personaje de Damon. Los luchadores que creen en lo que hacen y se entusiasman defendiéndolo, aún cuando a veces sea indefendible, siempre me han dejado boquiabierta porque nunca tuve esa virtud. Quizá es que nací ya demasiado cínica y descreída. O el mundo me hizo así, como a Jeanette

lunes, 6 de mayo de 2013

De cartones y hombres


Un hombre un kit. Esperar, sellar, timbrar, correr, desvestirse, mudarse, sonrojarse, humillarse, arrastrarse y alcanzarlo, por fin, un sello nada más: APTO. 

Apto para dormir en el suelo, taparse con el abrigo, vestirse con zapatos disparejos, disponer de una lata de conservas que no se abra, esperar el zumbido de un avión que sobrevuele con víveres escondidos dentro de veinte cajas de cartón, más cartón, más frío, bombillas que se encienden y se apagan sin que tú las controles. 

Un actor inmejorable: Rafa Sánchez. Una actuación exquisita. Una banda sonora que ya quisieran en Hollywood -la quiero!-.Y justamente no tengo palabras para describirla, pero te hace sentir todas esas emociones por las que su personaje va pasando: el desconcierto, el temor, la alegría infinita de encontrar un huevo duro que llevarse a la boca, la rabia, la humillación, el desasosiego, la furia, el terror... y la vuelta al conformismo pacífico de resituarse con un palillo que sabe a madera y a miel. 

Hay que verla, escucharla, olerla y tocarla, hacerla nuestra. Todos deberíamos pasar por la silla que mira a la obra de Sera y Rafa Sánchez De cartones y hombres. Un lujazo. Felicidades porque lo habéis vuelto a conseguir!!!

miércoles, 24 de abril de 2013

Caza al hombre


Un hombre trabaja en un colegio parvulario. Dinamarca. Bosques inmensos y ciervos. El hombre es guapo. Más que eso. Una niña no encuentra a sus papás para volver a casa, y su profesor la acompaña caminando. Casualmente, esa niña rubia de seis años es la hija del mejor amigo de ese hombre. Cuando la deja en casa, su padre le invita a pasar y toman café. Un día y otro día. La vida en el campo, te dices, qué sencilla parece desde la mirada del urbanita estresado. 

Y otro día cualquiera, esa niña ve cómo sus hermanos hablan de vergas y de cine porno. Y ese  mismo día, su profesor le rechaza un regalo de un corazón que ella ha confeccionado para él, no se sabe porqué. Y ella decide inventarse una historia de vergas y corazones rotos. Y ese profesor, ese hombre mejor amigo del padre de la niña rubia, deja de ser mejor amigo para convertirse en presunto abusador de menores. Sin el presunto delante. 

Como en las guerras, hay historias que no tienen final. Y Thomas Vinterberg ha construido una muy bella en La Caza.


jueves, 21 de marzo de 2013

Los amantes bananeros


Ni pasajeros ni amantes. La única escena memorable de la última película de Almodóvar Los amantes pasajeros es la que  acompaña al I'm so excited siempre genial que reproduzco en esta entrada, porque el resto de la historia, en mi humilde y pequeña opinión, es absolutamente prescindible. A salvo Javier Cámara, que está espectacular en su papel, como en todo lo que hace. Las pollas, las mamadas, los polvos y los chanchullos están explotados en exceso. Los buenos amantes, pasajeros o no, dejan huella, y esta peli sólo deja agujetas de estar sentado tanto rato. Y aún así, seguiré fan de Almodóvar.