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lunes, 6 de febrero de 2017

RITA Y EL NETFLIX



Lo que me relaja, para cenar en casa, es ver algo en la tele que me saque de mi día entero, que me desconecte de mi vida y me enchufe un rato a la vida de otros, con sus problemas y sus alegrías, porque luego las desconecto y pum, se acabó. Pero por un rato, las disfruto sin tenerlas que gestionar yo. 

Bien. Eso ya no era posible con la tele de toda la vida. La vida de la tele ocurre a otro ritmo de la mía. Mi prime time es a las 21h, y el de las cadenas de tv comienza a las 22:40, momento en que inician pelis y series. Sobretodo series.

Pero todo eso cambió cuando instalamos el Netflix y encontré a RITA.

Rita es esa cuarentañera que muchas queremos ser en un ratito de nuestra vida, cuando nadie nos ve. Fuma como un carretero, tiene hijos, pero eso no es impedimento para que su vida sexual sea frenética y multiparte. Y más aún, tiene una increíble melena y unos ojos azules de danesa escultural, sólo comparables a su culo y sus piernas.

Rita no hace deporte, y ni siquiera come sano, que se vea. Es así de natural. Y sus camisas H&M son todas iguales, a cuadros de distintos colores. Siempre lleva vaqueros ajustados y tiene dos pares de zapatos. Unos para invierno y otros para verano.

Rita es educadora en uno de esos colegios daneses que se parecen a los finlandeses, llenos de vida luz y color, con asientos mullidos made in Ikea por los pasillos, donde los alumnos departen alegres, y con una orientadora escolar que propone cursos y talleres todo el rato a iniciativa propia, y que ni tan siquiera parece agobiada con el volumen de trabajo del centro.

En el último capítulo que vi anoche ridiculizaban algunos aspectos de esa educación tan alternativa y tan nórdica. La psicóloga del centro propone que, para el partido de fútbol del día conmemorativo de la escuela, el equipo que gane no lo pueda hacer por más de 5 goles, para no desanimar/traumatizar al equipo perdedor. A Rita le parece una soberana estupidez que su clase no pueda ganar por goleada, y ahí tenemos el conflicto entre un director, enamorado de Rita pero que se debe a las iniciativas de su orientadora coach, y una profe que considera ridículo que los niños no aprendan a perder si son malos jugando fútbol.


Rita, para completarlo, vive en una casita de madera en medio del bosque, a la que se accede desde el campus escolar colándote por unos árboles frondosos. En mi vida paralela, me la pido.