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viernes, 22 de mayo de 2009

No espiarás a tus hijos adolescentes

Confiesa. Has echado un vistazo alguna vez a los mensajes de tu novio/marido/esposa/rollete en su móvil? Has leído a hurtadillas su correspondencia? Y ya para aspirantes a hackers, le has abierto su correo electrónico averiguando su contraseña? Que no eres celoso, que te da igual lo que haga con su vida? Ah, pero tienes hijos, qué me dices a eso, eh? Has rebuscado entre los papeles de ellos para encontrar, quizá, un mensaje cifrado (porque no se entienden) o un alijo de coca o un porrete mal escondido, o una revista porno...?

Tienes derecho a no hacer declaraciones. Todo lo que digas puede ser utilizado en tu contra. Tienes derecho a un abogado, y se te asignará uno de oficio si no tienes con qué pagarlo. Sube al coche que nos vamos a comisaría. Atontao, te pueden caer cuatro años de cárcel!

Parece una broma, pero no lo es. El Código Penal español prevé hasta cuatro años de cárcel para cualquiera que espíe la vida de otro, le lea los mails o las cartas de papel, le intercepte las llamadas telefónicas o le espíe en los bolsillos. Es el derecho a la intimidad que tenemos todas las personas, y eso, agárrate, incluye también a tus hijos. Sí, también a los menores de edad.

La noticia saltó a los medios estos días. Un Tribunal de Lleida ha condenado a un padre a 1 año de cárcel y cinco años de alejamiento de sus dos hijas por haberlas espiado en el cuarto de baño con una cámara de vídeo. Suena algo porno, lo sé, pero el hombre asegura que lo hacía para descubrir si su hija adolescente vomitaba lo que comía, pues tenía problemas de anorexia-bulimia. Problemas probados, por otra parte, porque la chica está en tratamiento para solucionarlo.

Al hombre, separado de su mujer y sus dos hijas, no se le ocurrió mas que la brillante idea de colocar una cámara en el baño de su casa para comprobar si la chica vomitaba. Claro que por esa cámara pasaron también su exmujer, que no sabía nada de todo esto o eso dice, su otra hija y también algunas amigas de las niñas. El papá asegura que después de visionar las cintas las destruía él mismo, y que sólo las vieron él y el abuelo de las chicas.

Pues bueno, el derecho a la intimidad versus el deber de vigilar y velar por la salud de tus hijos. En Lleida parece que prima lo primero, y eso que el juez es buena gente y sólo le ha metido un año de cárcel. Pudieron ser más. Cuidadín cuidadín, hay que ver cómo está el mundo.