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lunes, 15 de junio de 2009

Mercy James

Mercy James. No sé si me suena a estrella de rock o a esclava de plantación sureña. Pero en cualquier caso ese nombre se asocia ya a 11.000.000 de entradas en google. Y es que Madonna ya tiene a su cuarta hija en el bote. O más bien a la niña en el avión rumbo USA y a los que tiene en el bote es a todos los jueces del Tribunal Supremo de Malawi. Qué no harán trece millones aproximados de dólares, que se sepa, en orfanatos para el país.

Si yo fuera juez del máximo Tribunal de un país sin recursos económicos, el hecho de que Madonna decidiera aportar a las arcas estatales un dineral, sería determinante en mi decisión. Heroicidades las justas, y puestos a ponerme un precio que me lo ponga una rock star.

Si yo fuera una persona que lleva dos o tres años haciendo cola para que las autoridades de Malawi me concedan la oportunidad de considerar mi candidatura a padre adoptivo, previo pago de algunos miles de dólares, previa instancia a las autoridades de mi país, previo relleno de un montón de papelotes, previo examen pormenorizado de mi persona y mis ingresos y mis aptitudes, y previo permiso en mi trabajo para tirarme una buena temporada residiendo en Malawi antes de la adopción, tal y como obligan las leyes de adopción del país, en ese caso estaría muy cabreado y pensaría que no hay justicia en el mundo y que estas tías pesadas millonarias mejor harían adoptando caniches, que para lo que los van a ver entre gira y gira promocional, lo mismo les valdría un perrito.

Si yo fuera el papá de Mercy James, y nunca me ocupé de ella, pensaría que a mi hija le ha tocado la lotería. Y contrataría un abogado para ver si la lotería se hace extensiva a mi persona.

Si fuera el defensor del menor, denunciaría a todas las revistas que han mostrado la cara de una niña a la cual le van a hacer la vida imposible mientras puedan. Y de paso, denunciaría a su madre por permitirlo.

Si me convirtiera en Madonna, estaría tan alejada de la realidad mundana, que mis asesores pensarían qué tengo que pensar por mí.

Pero soy sólo Manuela. Y no sé qué pensar. No creo que todo se deba conseguir a golpe de talonario. Y menos que todo un hijo. Si uno quiere ayudar, va y ayuda. Si uno quiere adoptar, sigue los trámites y adopta. Si uno hace las dos cosas a la vez, se llama soborno.